Revista cultural de la Biblioteca del IES Arjé
lunes, 29 de octubre de 2012
Drácula, de Bram Stoker
Ahora que se aproxima la cada vez más "comercializada" noche de difuntos o de Halloween, teníamos dos opciones notables de incrementar la Biblioteca de la Torre. El impresionante Don Juan Tenorio de José Zorrilla, campeón de los escalofríos hispánicos, y Drácula, de Bram Stoker. Seamos yanquis por una vez, e incorporemos a nuestros estantes la más terrorífica y espeluznante historia sobre muertos que jamás haya salido de magín humano: Drácula. Y ello no sólo porque sea una de las más populares novelas de terror, sino porque, en realidad, es un libro estupendo, y nada comercial, una historia de amor más allá del tiempo, una reflexión sobre la inmortalidad, la soledad o el destino, sobre la dura vida del inmigrante, sobre los odios de clase, el psicoanálisis, la religión y hasta sobre feminismo. De ella dijo Oscar Wilde que era "la novela más hermosa jamás escrita". No se equivocaba demasiado. Y es que Drácula es mucho Drácula.
Lo primero que sorprende al acercarse a esta obra es que su propio autor ha sido "vampirizado" por ella, pues quien nació en Irlanda con el nombre de Abraham Stoker, fue geógrafo y estudioso del folcklore irlandés, autor de estudios de prestigio sobre la cultura celta, periodista de prestigio, autor de numerosos relatos, y amigo de actores y gente de farándula, ha sido fagocitado por su genial novela de 1897, que no ha dejado apenas espacio para él en la Historia de la Literatura. Por lo demás, para componerla se estudió toda la literatura vampírica que le había precedido, terroríficas historias sobre tipos que viven eternamente alimentándose de la sangre de los vivos, como El Vampiro de Polidori, o Carmilla, la mujer vampiro, de Sheridan Le Fanu, a los que añadió los toques de realidad de las truculentas vidas de Erzebeth Bathory, "la Condesa sangrienta", o Vlad Dracul, "el empalador", oscuros personajes húngaros en los que se mezclaba la historia y la épica. Y si eso fuera así, Stoker hubiera sido un copión sin más, un plagiador más o menos habilidoso, y hoy no estaríamos hablando de él. Pero es que Drácula es mucho más que eso, y el tenebroso intercambio de cartas entre el agente inmobiliario Jonathan Harker, enviado por su agencia a comprar un castillo en Transilvania, y su amada Mina Murray, que va descubriendo asombrada en la terrible boca de lobo en la que se metió su novio, es uno de los momentos más altos de la literatura, la puerta que franquea el acceso al prodigio. Se te mete dentro y se queda ahí para siempre.
No podemos olvidar tampoco la iracunda personalidad del doctor Van Helsing, la balbuciente juventud truncada de Lucy, la "seducida" amiga de Mina, el desquiciado diario del doctor John Seward, el shakesperiano personaje del loco Reinfield y, desde luego, la poderosa presencia del conde Drácula, un hombre que es muchos hombres y a la vez ninguno. Nunca el mal había resultado tan atractivo y, casi sin quererlo, los lectores nos vamos sintiendo atraídos hacia el abismo al mismo tiempo que los personajes. El mal, la perversidad, el amor más allá de la muerte, el pasado medieval, la misteriosa Centroeuropa y sus castillos, el rechazo a las convenciones, el aprecio de lo exquisito, la aristocracia del alma. En más de un sentido, Drácula es el más romántico de los libros.
De Drácula hay muchas versiones, tanto literarias como cinematográficas. En el cine han sido grandes Nosferatu, obra maestra de cine mudo dirigida por Murnau y en la que el personaje del conde Drácula era interpretado por el conde Orlok, un tipo que bebía sangre y se consideraba a si mismo un vampiro, y versiones posteriores como la de Werner Herzog (en la imagen) con la bella Isabelle Adjani haciendo de Mina Murray, o más recientemente, la de Francis Ford Coppola. Pero, creedme amigos, ninguna sensación iguala la magia de la prosa enfebrecida de Stoker, el descubrimiento del amor prohibido de Mina, la atracción del abismo, la lucha contra un destino más fuerte que la vida.
Lo de menos es que Drácula, el conde Drácula, un dandy selecto y seductor, no se reflejaba en los espejos y no moría nunca, lo verdaderamente importante es que esta novela es un espejo de lo que con frecuencia no vemos de nosotros mismos y, por eso, lo que es verdaderamente inmortal es este libro.
viernes, 19 de octubre de 2012
Concurso Fotográfico
Como lo prometido es deuda aquí va la primera sorpresa: el Concurso Fotográfico del IES Arjé ¡ya está convocado! Y si quieres salir triunfante en él ya puedes ir perfeccionando tu técnica fotográfica, porque superar a Ana Ruiz y a Laura Escobar (las autoras de las fotografías ganadoras que ilustran este artículo) va a resultar una labor peliaguda. Eso si no directamente imposible. El Arjé Cultural te dará la respuesta. De momento atentos a los tablones donde figuran las bases del Concurso. Aparte de los premios en metálico y de figurar en el Cuadro Fotográfico de Honor, las instantáneas premiadas serán portada del anuario del Centro, uno de los prestigios más grandes que puedas echarte a la cara. Para las dudas técnicas contactar con Ignacio, el maestro fotográfico más inconmensurable que transita por estos lares. ¡Suerte a todos!
viernes, 5 de octubre de 2012
Libros de Cine
Aquellos que prefieren por sistema ver películas basadas en libros en lugar de leer los libros originales es como si prefirieran comerse un chicle previamente masticado por otra persona; un chicle, no me negaréis, ciertamente asqueroso, y además sin sabor. Por más vueltas que le demos, leer es una experiencia infinitamente más intensa que ver (sobre todo si lo que ves es una "traducción" y/o imitación). Y esto no sólo porque las películas basadas en libros generalmente matan las fantasías y especulaciones que los libros suscitan, sino porque el cine tiene unas reglas y la literatura otras: son juegos distintos, aunque puedan parecerse. Y a mi que no me digan: jugar a ping-pong con balones de baloncesto no me parece muy práctico.En realidad ninguno de los realmente grandes en literatura ha tenido demasiada suerte con sus adaptaciones al cine. Ni Cervantes ni Shakespeare (aunque lo hayan intentado los mejores) han dado un cine digno, pero tampoco Moliére, Goethe, Quevedo o Victor Hugo. Más suerte, en cambio, parece haber tenido una novelista menor como Mary Shelley, cuyo Frankenstein, en la versión cinematográfica de James Whale, es prodigioso (hay incluso una continuación, La novia de Frankenstein, que es aún mejor, y que está enteramente sacada del magín de Whale pues, como todo el mundo sabe, el pobre monstruo del doctor Frankenstein no ligaba nada). Tampoco le ha ido mal a Guy de Maupassant, cuyo increíble cuento sobre la guerra franco-prusiana, "Bola de Sebo", se convirtió, en las manos de John Ford, en La Diligencia, un western psicológico, sobre los orígenes de Norteamérica. Ni a Julio Cortázar, pues al menos uno de sus cuentos, "Las babas del diablo", se ha convertido en una gran película, Blow Up, aunque transportado por Antonioni al Londres pop de los 70. Tampoco debemos pasar por alto El corazón de las Tinieblas del "extraño" Joseph Conrad, que Francis Ford Coppola, trasladando la historia de África a Vietnam, convirtió en Apocalipse Now. Puro cine. Y qué decir de ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, la extraordinaria novela de Philip K. Dick, que Ridley Scott transformó en otra cosa distinta, pero también increíble en Blade Runner, con Harrison Ford haciendo de agobiado cazador de androides. Un caso singular de "traición" al libro es La Naranja Mecánica, una notable novela moral de Anthony Burguess sobre el trabajoso paso de la adoscencia a la madurez, que Stanley Kubrick convirtió en una inmoral epopeya sobre la violencia del Estado y la libertad individual dotada de una increíble fuerza visual.
¿Y los cómic? Que me aspen si V de vendetta o Watchmen, de Alan Moore, no son absolutas obras maestras del arte de la viñeta que el cine no ha podido igualar.
Hablemos por último de dos novelas fiasco que fueron grandes películas. Por ejemplo, Sed de Mal, de Orson Welles, una de las mejores películas de la Historia, está basada en una patética novela de Whit Matterson; y Rebeca, la más emocionante película de Alfred Hitchcock, en una novela sosísima de Dapne du Maurier.
En fin, no cabe duda, los mejores logros del "cine literario" se han producido cuando el cine ha usado su propias reglas, aunque ello suponga transformar la historia original, como muestra de que los matrimonios de conveniencia (desganados o comerciales) entre literatura y cine nunca han disfrutado de ninguna apacible Luna de Miel.
sábado, 29 de septiembre de 2012
September Song
De acuerdo. Septiembre siempre ha sido un mes extrañamente melancólico. Por un lado está el final del verano y el retorno del frío y el no menos fastidioso retorno a las clases. Y aún más melancólico si, como este año, Septiembre finaliza entre lluvias tan pertinaces como las del cuadro de Pisarro que acompaña estas letras. Pero, ¡ojo! Septiembre es también el eterno retorno de Nietzsche, el principio de un curso que tiene la cara alargada de la promesa, el espacio abierto al infinito, al descubrimiento, a la renovada sorpresa. Si bien se mira, Septiembre te ofrece cada año la oportunidad de estrenar el mundo de nuevo. Y eso ya no está tan mal.
Nosotros por nuestra parte, desde esta Torre del desafío que es la nuestra, compuesta ya ni siquiera de papel, porque es virtual, prometemos apostar fuerte por ese reestreno en este curso que ahora comienza, y que será el tercero de vida para esta Torre más sólida cuanto más fortalece el intelecto de los que merodean por ella. Con nuestras secciones habituales y alguna que otra sorpresa, La Torre se renueva para crecer. Y así, entretanto ya se nos ha ido Septiembre, para dar paso a Octubre, un mes descaradamente más soso. Os dejamos con una de las más melancólicas evocaciones del mes al que los republicanos franceses llamaron Fructidor, el mes de los frutos. Ahí es nada.
Nosotros por nuestra parte, desde esta Torre del desafío que es la nuestra, compuesta ya ni siquiera de papel, porque es virtual, prometemos apostar fuerte por ese reestreno en este curso que ahora comienza, y que será el tercero de vida para esta Torre más sólida cuanto más fortalece el intelecto de los que merodean por ella. Con nuestras secciones habituales y alguna que otra sorpresa, La Torre se renueva para crecer. Y así, entretanto ya se nos ha ido Septiembre, para dar paso a Octubre, un mes descaradamente más soso. Os dejamos con una de las más melancólicas evocaciones del mes al que los republicanos franceses llamaron Fructidor, el mes de los frutos. Ahí es nada.
domingo, 17 de junio de 2012
Farenheit 451, de Ray Bradbury
Hace apenas unos días ha muerto Ray Bradbury, y esa irreparable pérdida va a convertirse, de manera casi premonitoria, en el último volumen de la biblioteca de babel de este curso. El maestro de la ciencia-ficción, casi ficción él mismo, nos ha dejado a los 91 años, pero sobrevivirá gracias a libros tan inmortales como Crónicas Marcianas, el Hombre Ilustrado, Cementerio para lunáticos, o la novela que hemos elegido para poner broche final a esta temporada: Farenheit 451.
La más hermosa declaración de amor a los libros, y a la vez la más apocalíptica visión de cómo sería el mundo sin ellos, se dan a la vez en esta extraordinaria novela de Ray Bradbury, el genio indiscutible de la novela de ciencia-ficción. Publicada a mediados de los cincuenta del pasado siglo, cuando el "american way of life" empezaba a imponerse en el mundo, Farenheit 451 es la temperatura a la que arde el papel y una descarnada y terrible radiografía de cómo los libros, tristes paralelepípedos de papel en un mundo cada vez más tecnificado y "virtual" son, en el fondo, el enemigo más poderoso en las sociedades totalitarias. Allá donde se pretenda dominar y controlar fácilmente al individuo, quita los libros de su alcance. Algo que debiera hacernos reflexionar hoy casi sesenta años después de la publicacion del libro.
El libro de Bradbury en realidad es un espléndido libro de aventuras, con sus comandos de asesinos, con sus arrepentidos, traidores e infiltrados, y también, cómo no, con un memorable grupo de la "resistencia" que protege los libros de una forma muy particular.
Farenheit 451 disfrutó también en los sesenta de una extraordinaria adaptación cinematográfica, a cargo del director favorito del guardián de esta Torre: François Truffaut, y en la que brillaba al más puro estilo "beat" Julie Christie.
Así que aquí queda el último mensual del curso, con la esperanza de que todos los que lo leais, reforzéis aún más, si cabe, vuestro amor a los libros.
La más hermosa declaración de amor a los libros, y a la vez la más apocalíptica visión de cómo sería el mundo sin ellos, se dan a la vez en esta extraordinaria novela de Ray Bradbury, el genio indiscutible de la novela de ciencia-ficción. Publicada a mediados de los cincuenta del pasado siglo, cuando el "american way of life" empezaba a imponerse en el mundo, Farenheit 451 es la temperatura a la que arde el papel y una descarnada y terrible radiografía de cómo los libros, tristes paralelepípedos de papel en un mundo cada vez más tecnificado y "virtual" son, en el fondo, el enemigo más poderoso en las sociedades totalitarias. Allá donde se pretenda dominar y controlar fácilmente al individuo, quita los libros de su alcance. Algo que debiera hacernos reflexionar hoy casi sesenta años después de la publicacion del libro.
El libro de Bradbury en realidad es un espléndido libro de aventuras, con sus comandos de asesinos, con sus arrepentidos, traidores e infiltrados, y también, cómo no, con un memorable grupo de la "resistencia" que protege los libros de una forma muy particular.
Farenheit 451 disfrutó también en los sesenta de una extraordinaria adaptación cinematográfica, a cargo del director favorito del guardián de esta Torre: François Truffaut, y en la que brillaba al más puro estilo "beat" Julie Christie.
Así que aquí queda el último mensual del curso, con la esperanza de que todos los que lo leais, reforzéis aún más, si cabe, vuestro amor a los libros.
jueves, 31 de mayo de 2012
La luna rosada de Nick Drake
Siempre que se habla del "club de los 27", aquel grupo de jóvenes románticos de la música rock que vivieron deprisa y murieron a esa edad, dejando bonitos cadáveres (Jimi Hendrix, Jim Morrison, Janis Joplin, Kurt Cobain), suele olvidarse la larga y desgalichada figura de Nick Drake, tan frágil como sus propias canciones, que murió en 1974, dejando tan sólo un puñado de letras sobre esta tierra.
Con sólo tres discos publicados, Drake es, indiscutiblemente, el más maldito de los poetas del rock, el Verlaine de la música, ese tipo oscuro y misterioso, parco de palabras, pero capaz de cantar con el corazón empapado en lágrimas mientras llueve en la calle.
Nacido por azar en Birmania, Nick fue siempre un apátrida, el chico callado al que nadie hace demasiado caso, pero que, en la oscuridad de su cuarto es capaz de conjurar todas las injusticias del mundo, sin alzar demasiado la voz. Su primer disco, y una obra maestra indiscutible, apareció en 1969 y era toda una declaración de intenciones. Letras de un lirismo profundo, melodias sutiles y alambicados arreglos orquestales, junto con la áspera delicadeza de su guitarra acústica, hacen de Five leaves Left, uno de los mejores discos de los 60, una explosiva mezcla de Dylan, Van Morrison y Debussy, que pasó totalmente desapercibida, sumiendo a Nick en una profunda depresión.
Su segundo disco, Brayter Layter, fue lo más parecido a un disco comercial que Nick podía hacer, y en él había maravillas como este "Hazey Jane II":
Tampoco tuvo fortuna Brayter Layter, en un mercado discográfico incapaz de apreciar esa música indescifrable y misteriosa, que no era folk, ni jazz, ni rock, ni soul, ni clásica, pero que a la vez era todas estas cosas, y sobre todo esas letras en las que Nick lamentaba la sordera de este mundo, nuestra incapacidad de apreciar las cosas más bellas que nos rodean, el lento derrumbarse de la utopía hippie.
El último disco de Nick Drake es una miniatura de 28 minutos titulada Pink Moon, y en el que apenas acierta a balbucir ya sus últimas canciones, antes de morir de sobredosis, aún ávido de estrenar un mundo que era siempre demasiado viejo para sorprendernos.
Entre los "tracks" olvidados y las maquetas inacabadas que no pudieron incorporarse a este disco casi póstumo se encuentra esta canción desesperada y agónica, lo más parecido al mítico cuadro de Goya "Perro ahogándose" que haya dado jamás la música. Y vale como epitafio
jueves, 17 de mayo de 2012
Ecuación nº 8, la última
Amigos, todo lo bueno se acaba, y aunque La Torre seguirá erguida y dando a sus visitantes lo mejor de los tesoros que encierra, este hipercalifragilístico concurso cultural llamado "El Mundo Sumergido", emerge hoy por última vez esta temporada (aunque seguirá poniendo a prueba las mentes del personal la semana que viene). Las reglas están claras y las espadas en todo lo alto. Suerte a todos y ¡allá va!
Hoy buscamos un concepto. Un concepto que en realidad es más que un simple concepto, formulado por primera vez en la lengua de un país hoy en grave peligro. Fue identificado con el agua por el fundador de la geometría, un sabio algo místico que a su vez fue maestro del más importante matemático de la Antigüedad. Otros han asociado el concepto que buscamos con la manifestación visual de la combustión, que tanto ha fascinado a la humanidad desde la prehistoria. La Biblia lo asocia con la palabra. No obstante, el autor que mejor definió nuestro concepto es un pensador nacido en lo que hoy es Macedonia, y en el mismo siglo que el fundador de la dinastía ptolemaica egipcia y que el escultor de Hermes con el niño Dioniso, que ilustra esta entrada. Nuestro autor, que fundó también la primera escuela pública y gratuita, llegó a ser maestro del más grande Alejandro de la Antigüedad. Trabajó el concepto misterioso en un libro a su vez misterioso, que no tuvo nombre hasta tres siglos después, cuando cayó en manos de Andrónico de Rodas. ¿De qué concepto hablamos y qué significa?
Hoy buscamos un concepto. Un concepto que en realidad es más que un simple concepto, formulado por primera vez en la lengua de un país hoy en grave peligro. Fue identificado con el agua por el fundador de la geometría, un sabio algo místico que a su vez fue maestro del más importante matemático de la Antigüedad. Otros han asociado el concepto que buscamos con la manifestación visual de la combustión, que tanto ha fascinado a la humanidad desde la prehistoria. La Biblia lo asocia con la palabra. No obstante, el autor que mejor definió nuestro concepto es un pensador nacido en lo que hoy es Macedonia, y en el mismo siglo que el fundador de la dinastía ptolemaica egipcia y que el escultor de Hermes con el niño Dioniso, que ilustra esta entrada. Nuestro autor, que fundó también la primera escuela pública y gratuita, llegó a ser maestro del más grande Alejandro de la Antigüedad. Trabajó el concepto misterioso en un libro a su vez misterioso, que no tuvo nombre hasta tres siglos después, cuando cayó en manos de Andrónico de Rodas. ¿De qué concepto hablamos y qué significa?
jueves, 10 de mayo de 2012
Ecuación Literaria nº 7, la oculta
Vamos con la 7ª amigos. Va quedando ya muy poco para hacer emerger la totalidad de los misterios de este mundo.
Hoy buscamos un libro, recopilado por un sabio árabe, cuyo nombre es una construcción fonética que en inglés significa "el que todo ha leido". El libro fue recopilado en el mismo siglo en que se proclamó en la Península Ibérica el Emirato Independiente de Córdoba. El libro, cuyo título en griego hace referencia a los muertos, es citado modernamente por vez primera en el mismo año en que un estrafalario irlandés publicó Ulises, su revolucionario "remake" de la más grande obra de la Épica griega antigua. El autor moderno que más veces ha citado nuestra obra nació en una localidad del más pequeño estado norteamericano el mismo año en que se publicó la más popular de las novelas de otro irlandés, el genial polemista que figura en la foto, y murió el mismo año en que un extravagante pintor malagueño recreó el sangriento bombardeo de una población vasca, y sólo un año después de que un atleta afroamericano asombrara a todo el mundo ganando cuatro medallas en los JJ OO de Berlín. Es un libro raro y difícil de encontrar. Quedan al parecer pocos ejemplares, y el más manoseado de ellos está en la Biblioteca de la Universidad de Miskatonic.
viernes, 4 de mayo de 2012
Ecuación literaria nº 6, la artística
Vamos con la 6ª, porque la cosa está al rojo vivo.
Hoy buscamos al autor de este magnífico cuadro, y uno de los máximos representantes de un estilo pictórico centrado en retratar el pasado medieval y renacentista. Este grupo, constituido en "hermandad", tuvo como ideólogo al poeta y pintor inglés autor de La casa de la vida. El autor de nuestro cuadro nació el mismo año que el autor de La isla del tesoro y falleció en el mismo que la científica ya aparecida en el mundo sumergido y premio nobel de física en 1903. Aunque pintó también a escritores como el autor de Kim, o al autor de la teoría de la selección natural, se centró principalmente en motivos mitológicos como el que representa al héroe germánico evocado en una de las más potentes obras del compositor Richard Wagner, compuesta en 1845. El cuadro que hoy nos ocupa es más legendario que mitológico y evoca una hermosa historia que ha seducido también, además de al autor del cuadro, a novelistas como el autor de El amante de lady Chatterley.
Hoy buscamos al autor de este magnífico cuadro, y uno de los máximos representantes de un estilo pictórico centrado en retratar el pasado medieval y renacentista. Este grupo, constituido en "hermandad", tuvo como ideólogo al poeta y pintor inglés autor de La casa de la vida. El autor de nuestro cuadro nació el mismo año que el autor de La isla del tesoro y falleció en el mismo que la científica ya aparecida en el mundo sumergido y premio nobel de física en 1903. Aunque pintó también a escritores como el autor de Kim, o al autor de la teoría de la selección natural, se centró principalmente en motivos mitológicos como el que representa al héroe germánico evocado en una de las más potentes obras del compositor Richard Wagner, compuesta en 1845. El cuadro que hoy nos ocupa es más legendario que mitológico y evoca una hermosa historia que ha seducido también, además de al autor del cuadro, a novelistas como el autor de El amante de lady Chatterley.
lunes, 23 de abril de 2012
El último viaje de don Quijote
De todos es sabido que Cervantes, que era desordenado y propenso a la vagancia, jamás hubiera terminado "la más alta historia que vieron los siglos" si un tal Avellaneda, un escritor mañoso pero oportunista y con algo de mala uva, no hubiera plagiado su primer Quijote. En realidad, el Quijote de Avellaneda, una de las obras más desconocidas de la literatura española, no es una mala novela. De hecho está llena de trucos y efectismos "de novela", diseñados para cautivar al público. Con personajes situados entre Dos tontos muy tontos y Torrente, misión en Marbella, hoy hubiera arrasado en taquilla, convirtiéndose en un best-seller de éxito. En nuestra época superficial donde tanto se prestigia la incultura y la brocha gruesa, Avellaneda hubiera sido un ídolo mediático. Y, sin embargo, en su época, todo el mundo entendió que el defecto de la obra era precisamente ese: que no era más que una novela. En el S. XVII nadie confundió el ruido con la música, y Avellaneda fracasó, aunque espoleó, de rebote, al avejentado Cervantes a rematar su obra maestra.
Vladimir Nabokov imaginó lo hermoso que hubiera sido que Cervantes hubiera puesto a pelear en la ficción, y por los áridos campos de Montiel, a su Quijote con el de Avellaneda, pero Cervantes prefirió algo mejor: dar una lección de vida. Así humilló del todo a Avellaneda, componiendo una novela que era más que una novela, una obra en la que los personajes se salen contínuamente del libro, como si las páginas fueran demasiado estrechas para contenerlos. De manera que el Ingenioso caballero Don Quijote de la Mancha, compuesto en 1615 por un Cervantes que tenía ya el pie en el estribo de la muerte, es en el fondo una radiografía bien negra del mundo que nos ampara: cruel, gris y desagradecido, donde con frecuencia la brillantez es manchada por el rencor, y donde se persigue con saña al que es distinto hasta ponerle el prefabricado traje que viste todo el mundo. Y así, don Quijote, ese héroe infatigable que luchaba a su manera por mejorar el mundo, se ve invadido por la decepción, por ese estarse entregando de lleno una sociedad que no lo comprende. De manera que Cervantes, pulverizando a Avellaneda, hablaba no sólo para los hombres y mujeres de 1615 sino también para los de 2015 y 2515. Inventaba el Romanticismo, pero también la Vanguardia. No había escrito una novela: había metido el mundo en ella; todas las desgracias que el propio Cervantes tuvo que soportar como tullido héroe de guerra al que nadie reconocía sus méritos, pero también los que como él habrían de venir al mundo entre la incomprensión y el desprecio de una sociedad chata y gris, sin ambiciones ni espíritu, que premia la estupidez y condena la inteligencia. En definitiva, prefirió la verdad que nadie quiere oir a la ficción inocua que gusta a las masas.
No obstante, mientras el Quijote que imaginó Avellaneda sigue vivo al final del libro, repartiendo estupidez por los campos castellanos, el Quijote de Cervantes, el auténtico, realiza su último viaje, y muere. En su cama. Sin violentos lances en el campo de batalla. De pena, tal vez. Era demasiado bueno para este mundo. Pero, qué grande Cervantes: al concederle esa victoria pírrica al Quijote de Avellaneda, dotaba de más verdad aún al suyo, de una verdad casi insoportable. Lo sacaba del libro para ponerlo en la tierra para siempre.
Ah, y otra cosa, aunque don Quijote muriera fracasado intentando construir un mundo más habitable, ahí estaba ya Sancho, incapaz de renunciar a esos ideales, con la lección del entusiasmo bien aprendida, y dispuesto a sucederlo.
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