Aquel irónico diagnóstico de Cervantes considerando a La Celestina "obra a mi parecer divina, si encubriera más lo humano", ha acabado convirtiéndose en una de las más terribles plagas que han azotado la literatura -y, en especial, la novela- escrita en nuestro idioma. Y es el caso que en nombre del "duende", la magia, los artificios de ingenio, la técnica, la belleza o la trascendencia y el "más allá", la novela española ha ido, desgraciadamente, abandonando "lo humano", la realidad de las miserias de este maltrecho "más acá" donde moramos. Y es que parece que, en nuestro país, hablar de "lo real" parece estar definitivamente prohibido, porque acaso diseccionar la realidad con bisturí aviente el mal olor de nuestros muchos cadáveres exquisitos. Aquí lo real se oculta contraviniendo, paradójicamente, la propia genética de nuestra literatura (Mio Cid, La Celestina, Lazarillo, don Quijote), en beneficio de una novela pretendidamente artística que, en verdad, acaba resultando artrítica, pues rehuye con cobardía la descripción cruda de la difícil odisea de vivir. Y una novela por encima de la muchedumbre no merece el nombre de novela.
Lo triste es que los pocos autores que han intentado por estos lares profundizar por debajo de la piel de toro buscando la basura bajo la alfombra, han sido castigados con la penosa losa del olvido. Qué fue si no de Felipe Trigo, novelísta mayúsculo, autor de precisos diagnósticos de la corrupción hispánica como El médico rural o Jarrapellejos. En su época sus libros se vendían como rosquillas pues eran como un espejo de la podredumbre de una sociedad que no ha cambiado nada en 100 años y, sin embargo, los corifeos de lo artístico se han ocupado de condenarlo como "autor menor" o "pornográfico". ¿No será la realidad la que es pertinazmente pornográfica?¿Qué de José Díaz Fernández, que en El Blocao muestra con crudeza los sinsentidos de la guerra? ¿Qué de César Muñoz Arconada, que en La Turbina desmonta todos los falsos mitos del progreso `made in spain´? ¿Qué de Max Aub, cuya Gallina Ciega es como una radiografía de los males de la nación? ¿de Arturo Barea, que en La forja de un rebelde, resume la historia de la España contemporánea sin maniqueísmos ni pamplinas? ¿dónde están en los libros de texto? Si la realidad hiede, lo que hay que hacer es diagnosticarla y tratarla en lugar de proscribir los libros de quienes nos la cuentan. Porque en la Posguerra ocurrió idem de lo mismo, y los Alfonso Grosso, López Pacheco, Antonio Ferres o Armando López Salinas fueron condenados como "novelistas de la berza", para acabar como outsiders, en el limbo, fuera de la historia literaria que, en nuestro país, ha acabado siendo patrimonio de los que creen que la literatura no debe ensuciarse y que debe flotar por encima de las cosas de este mundo, como un bécqueriano cendal flotante de leve bruma. Aquí la basura se deja debajo de la alfombra; mejor no asomarse al pozo. Así que seguimos leyendo a Unamunos, Azorines, Celas, o Juanes Benet. Y en ellos ¿Ah de la vida? Nadie me responde.
En la actualidad, el drama aún continúa. Hablar de la realidad de las relaciones laborales, de la explotación, de la corrupción política y empresarial, del falseamineto de la historia, de la aniquilación del "espíritu colectivo", o del definitivo desplome de la utopía es sistemáticamente condenado como pseudo-literatura, porque la literatura de verdad no se moja. Y es por ello que Rafael Chirbes (La larga marcha, Crematorio), Belén Gopegui (Lo real, El padre de Blancanieves) o Isaac Rosa (El vano ayer, La mano invisible) no estarán nunca en el canon. No interesan. Y así nos va.
Revista cultural de la Biblioteca del IES Arjé
jueves, 31 de enero de 2013
lunes, 21 de enero de 2013
Ecuación cultural Nº2. La acróstica
La segunda de las ecuaciones culturales de la temporada pretende desvelar la personalidad del orondo novelista de la foto. Como siempre debes responder minuciosamente a todo el entramado de preguntas intermedias.
El mundo sumergido de hoy es el de uno de los más potentes autores de literatura de aventuras que haya existido jamás. Un autor tal vez demasiado prolífico (se dice que tenía equipos de trabajo que componían muchas de las novelas que él firmaba), y padre de algunas criaturas literarias que tal vez conozcas.
Hoy rizamos el rizo. Para descubrir el apellido del autor que hoy buscamos tendrás que componerlo con las iniciales de los cinco conceptos siguientes:
1. Ciudad del norte de Europa en la que nació el seductor filósofo al que se considera padre del existencialismo.
2. Criatura mitológica sobre la que escribieron el aristocrático novelista argentino autor de Bomarzo, y el historiador español ganador del Premio Planeta en 1987.
3. Escritora británica, fundadora del feminismo, casada con el filósofo inspirador del anarquismo, suegra de un importante poeta romántico y madre de la novelista que relató la terrible historia de Frankenstein.
4. Nombre del venenoso reptil que acabó con la vida del personaje histórico que sedujo a Julio César y a Marco Antonio y ha sido encarnado en el cine por Elisabeth Taylor y Monica Bellucci.
5. Denominación que se da a un hallazgo afortunada que se produce cuando uno está buscando realmente otra cosa. En realidad el término fue acuñado en uno de sus cuentos por el autor de El castillo de Otranto, y sirve de título a una película de 2001 protagonizada por John Cusack.
El mundo sumergido de hoy es el de uno de los más potentes autores de literatura de aventuras que haya existido jamás. Un autor tal vez demasiado prolífico (se dice que tenía equipos de trabajo que componían muchas de las novelas que él firmaba), y padre de algunas criaturas literarias que tal vez conozcas.
Hoy rizamos el rizo. Para descubrir el apellido del autor que hoy buscamos tendrás que componerlo con las iniciales de los cinco conceptos siguientes:
1. Ciudad del norte de Europa en la que nació el seductor filósofo al que se considera padre del existencialismo.
2. Criatura mitológica sobre la que escribieron el aristocrático novelista argentino autor de Bomarzo, y el historiador español ganador del Premio Planeta en 1987.
3. Escritora británica, fundadora del feminismo, casada con el filósofo inspirador del anarquismo, suegra de un importante poeta romántico y madre de la novelista que relató la terrible historia de Frankenstein.
4. Nombre del venenoso reptil que acabó con la vida del personaje histórico que sedujo a Julio César y a Marco Antonio y ha sido encarnado en el cine por Elisabeth Taylor y Monica Bellucci.
5. Denominación que se da a un hallazgo afortunada que se produce cuando uno está buscando realmente otra cosa. En realidad el término fue acuñado en uno de sus cuentos por el autor de El castillo de Otranto, y sirve de título a una película de 2001 protagonizada por John Cusack.
viernes, 21 de diciembre de 2012
Veinte mil leguas de viaje submarino, de Julio Verne
Estamos de enhorabuena, torreadictos del mundo, porque acaba de llegar a las librerías esta impresionante edición de la más fascinante aventura submarina que jamás nació de magín humano, con impresionantes ilustraciones y traducción refrescada. Con motivo de este feliz acontecimiento vamos a dedicar unas palabras a este libro prodigioso, con el que vamos a cerrar este tumultuoso 2012.
Como otras muchas grandes obras de la historia de la literatura, Veinte mil leguas... es, en realidad, un serial, publicado por capítulos en la prensa francesa a lo largo de ¡1869! y sólo editado en volúmen posteriormente. No creo que sea necesario insistir en la ya conocida virtud premonitoria del autor francés (ni submarinos, ni escafandras de buceo, ni botellines de oxígeno, ni fusiles acuáticos... existían en 1869), pero sí en los complicados intríngulis de la personalidad del Capitán Nemo, uno de los malos más fascinantes que haya producido la letra escrita (los malos suelen ser, en literatura, más interesantes siempre que los buenos). En realidad, este viejo lobo de mar, experimentado científico, investigador, coleccionista y bibliófilo, es un espíritu anarquista, hastiado de esta sociedad materialista, grosera, sin ambiciones y sin respeto al talento ni al diferente; una sociedad sin corazón y sin arte a la que decide destruir, francamente, por hacerle un favor: por ahorrarnos un poco de degradación a todos. A bordo del legendario submarino-mansión-laboratorio-biblioteca "Nautilus", el capitán Nemo no cejará en su empeño destructor (¡eso sí que era un fin del mundo!) a la vez que divulgador de la "idea". La denodada lucha del profesor Arnnaux, a ratos seducido por la magnética personalidad de Nemo, y del intrépido ballenero Ned Land por impedir ese programado fin del mundo, inunda de páginas memorables este libro que ha poblado de tantos paisajes sub-acuáticos y minutos gloriosos los espíritus adolescentes desde hace 150 años. Convencido además Julio Verne de que el capitán Nemo era la mayor de sus creaciones, prolongó su existencia en otras dos novelas: Los hijos del capitán Grant y La Isla Misteriosa, que ramifican y profundizan aún más en la personalidad de este malvado legendario. Y el resultado es una trilogía compacta y maravillosa. Una gozada, oiga. Sólo por otear siquiera un instante en la biblioteca del capitán Nemo, en su pequeño retiro ascético de "aqueste mundo malvado", ya merecería la pena. La edición que ahora nos brinda Nórdica hace aún más apetecible este manjar, que hizo levantarse muchas veces de la silla al Guardián de la Torre cuando ostentaba una edad menos provecta. Si lo lees además acompañado de música de Beethoven volverás a creer de nuevo en el mundo. Así que ya sabéis. De nada
Como otras muchas grandes obras de la historia de la literatura, Veinte mil leguas... es, en realidad, un serial, publicado por capítulos en la prensa francesa a lo largo de ¡1869! y sólo editado en volúmen posteriormente. No creo que sea necesario insistir en la ya conocida virtud premonitoria del autor francés (ni submarinos, ni escafandras de buceo, ni botellines de oxígeno, ni fusiles acuáticos... existían en 1869), pero sí en los complicados intríngulis de la personalidad del Capitán Nemo, uno de los malos más fascinantes que haya producido la letra escrita (los malos suelen ser, en literatura, más interesantes siempre que los buenos). En realidad, este viejo lobo de mar, experimentado científico, investigador, coleccionista y bibliófilo, es un espíritu anarquista, hastiado de esta sociedad materialista, grosera, sin ambiciones y sin respeto al talento ni al diferente; una sociedad sin corazón y sin arte a la que decide destruir, francamente, por hacerle un favor: por ahorrarnos un poco de degradación a todos. A bordo del legendario submarino-mansión-laboratorio-biblioteca "Nautilus", el capitán Nemo no cejará en su empeño destructor (¡eso sí que era un fin del mundo!) a la vez que divulgador de la "idea". La denodada lucha del profesor Arnnaux, a ratos seducido por la magnética personalidad de Nemo, y del intrépido ballenero Ned Land por impedir ese programado fin del mundo, inunda de páginas memorables este libro que ha poblado de tantos paisajes sub-acuáticos y minutos gloriosos los espíritus adolescentes desde hace 150 años. Convencido además Julio Verne de que el capitán Nemo era la mayor de sus creaciones, prolongó su existencia en otras dos novelas: Los hijos del capitán Grant y La Isla Misteriosa, que ramifican y profundizan aún más en la personalidad de este malvado legendario. Y el resultado es una trilogía compacta y maravillosa. Una gozada, oiga. Sólo por otear siquiera un instante en la biblioteca del capitán Nemo, en su pequeño retiro ascético de "aqueste mundo malvado", ya merecería la pena. La edición que ahora nos brinda Nórdica hace aún más apetecible este manjar, que hizo levantarse muchas veces de la silla al Guardián de la Torre cuando ostentaba una edad menos provecta. Si lo lees además acompañado de música de Beethoven volverás a creer de nuevo en el mundo. Así que ya sabéis. De nada
martes, 11 de diciembre de 2012
Libros con historia
Ahora que, con pretexto sentimental, nos encontramos en uno de los periodos más consumistas del año, y amenaza (creo que, una vez más, sin éxito) el libro digital, habría que recordar que, mal que les pese a estos nuevos mercaderes, los libros no sólo cuentan historias: los libros tienen su historia. Y aquí proponemos un breve repaso de las más novelescas vidas de algunos volúmenes.
Tomemos en primer lugar La Celestina, genial obra dramática publicada originalmente en 1499 como Comedia de Calisto y Melibea y mejorada después en 1502 hasta quedar convertida en Tragicomedia de Calisto y Melibea. En cualquier caso el libro, de autor desconocido, era un rato raro porque en su primera versión tenía 16 actos y en la segunda 21 ¿quién se come una representación tan larga? Para colmo, la obra, que desde el primer momento adquirió categoría de clásico, incluía al principio uno de los peores poemas que se hayan compuesto jamás en lengua castellana, versos torpísimos y sin ritmo que mezclaban sin concierto refranes, hormigas y mitos griegos. Sin más: un despropósito. Y nadie, en todos los cien años siguientes, supo resolver el misterio de aquel patético poema que, leído acrósticamente (esto es: la letra inicial de cada verso en vertical), venía a decir: "El bachiller Fernando de Rojas acabó la Comedia de Calisto y Melibea y fue nacido en la Puebla de Montalbán". Todo eso, sin faltar una letra. Y así, gracias a este truco, Fernando de Rojas pasó a la historia sin pasar por la hoguera, porque la obra se las traía: era blasfema, suicida, magnicida y obscena, y la Inquisición hubiera dado buena cuenta de su autor de haber sabido quién era.
Otro libro con historia es el semi-desconocido Quijote de Alonso Fernández de Avellaneda, un tipo que nunca existió ni consta en registro civil alguno, pero que al publicar de manera oportunista en 1614 esta no del todo mala continuación de Don Quijote acabó por decidir a Cervantes a continuar su propia novela en la más memorable segunda parte que vieron los siglos pasados y acaso vean los venideros. En la continuación cervantina don Quijote muere al fin, después de verse vencido por el bachiller Sansón Carrasco disfrazado de Caballero de los espejos... y fin de la polémica (Nabokov llegó a imaginar la genialidad que hubiera sido un apoteósico duelo final entre el don Quijote verdadero y el falso Quijote de Avellaneda).
Tampoco Shakespeare, un actor metido a autor, se libró de la polémica histórica, en este caso centrada más que en sus libros en él mismo, porque hay quien piensa que en realidad se trataba de una mujer disfrazada de hombre (las mujeres estaban vedadas en el teatro victoriano) o incluso un grupo de actores británicos imaginando obras para lucir sus cualidades interpretativas. Su extraña muerte, llena de coincidencias, y el hecho de que ninguno de los cuadros que lo retratan presente algún parecido han contribuido a alimentar la leyenda.
Tomemos en primer lugar La Celestina, genial obra dramática publicada originalmente en 1499 como Comedia de Calisto y Melibea y mejorada después en 1502 hasta quedar convertida en Tragicomedia de Calisto y Melibea. En cualquier caso el libro, de autor desconocido, era un rato raro porque en su primera versión tenía 16 actos y en la segunda 21 ¿quién se come una representación tan larga? Para colmo, la obra, que desde el primer momento adquirió categoría de clásico, incluía al principio uno de los peores poemas que se hayan compuesto jamás en lengua castellana, versos torpísimos y sin ritmo que mezclaban sin concierto refranes, hormigas y mitos griegos. Sin más: un despropósito. Y nadie, en todos los cien años siguientes, supo resolver el misterio de aquel patético poema que, leído acrósticamente (esto es: la letra inicial de cada verso en vertical), venía a decir: "El bachiller Fernando de Rojas acabó la Comedia de Calisto y Melibea y fue nacido en la Puebla de Montalbán". Todo eso, sin faltar una letra. Y así, gracias a este truco, Fernando de Rojas pasó a la historia sin pasar por la hoguera, porque la obra se las traía: era blasfema, suicida, magnicida y obscena, y la Inquisición hubiera dado buena cuenta de su autor de haber sabido quién era.
Otro libro con historia es el semi-desconocido Quijote de Alonso Fernández de Avellaneda, un tipo que nunca existió ni consta en registro civil alguno, pero que al publicar de manera oportunista en 1614 esta no del todo mala continuación de Don Quijote acabó por decidir a Cervantes a continuar su propia novela en la más memorable segunda parte que vieron los siglos pasados y acaso vean los venideros. En la continuación cervantina don Quijote muere al fin, después de verse vencido por el bachiller Sansón Carrasco disfrazado de Caballero de los espejos... y fin de la polémica (Nabokov llegó a imaginar la genialidad que hubiera sido un apoteósico duelo final entre el don Quijote verdadero y el falso Quijote de Avellaneda).
Tampoco Shakespeare, un actor metido a autor, se libró de la polémica histórica, en este caso centrada más que en sus libros en él mismo, porque hay quien piensa que en realidad se trataba de una mujer disfrazada de hombre (las mujeres estaban vedadas en el teatro victoriano) o incluso un grupo de actores británicos imaginando obras para lucir sus cualidades interpretativas. Su extraña muerte, llena de coincidencias, y el hecho de que ninguno de los cuadros que lo retratan presente algún parecido han contribuido a alimentar la leyenda.
Podíamos seguir, y quizá lo hagamos en otro momento, repasando libros con historia, pero por hoy lo dejaremos recordando La conjura de los necios,un contracultural libro que John Kennedy Toole, un treintañero sin oficio ni beneficio, se cansó de presentar manuscrito a un sinfín editoriales que lo despachaban con sistemático e idéntico desprecio: era un don Nadie: ¿para qué tomarse la molestia de leerlo? Y John murió ignorado, pensando con razón que había una conjura de necios contra él. Sólo la insistencia de su madre Thelma durante más de diez años consiguió que el libro viera finalmente la luz batiendo todos los records y consiguiendo todos los premios. Se convirtió rápido en un clásico indiscutible de la narrativa norteamericana. Nunca lo supo, pero John era, finalmente, alguien.
jueves, 22 de noviembre de 2012
El Mundo Sumergido. Tercera Temporada
Bien amigos, la más visitada de las habitaciones de la Torre abre hoy sus puertas al público en la que va a ser su Tercera Temporada. El concurso cultural más hipercalifragilístico de estos tiempos catódicos pondrá a prueba durante los próximos meses la fortaleza mental de los más preciados miembros de la tribu arjeica y de cuantas otras tribus quieran participar. La novedad de esta temporada es que además de la pregunta individual, cada una de estas cuestiones formará parte de una Super Pregunta final sólo al alcance de los fuera de serie. Atrévete a ser uno de ellos. Y sin más vamos con la primera ecuación cultural del curso 2012-2013. Recordad que para llevarse el punto hay que dar la respuesta correcta a todas las incógnitas que se planteen.
Hoy vamos a la busca de un personaje histórico nacido en la cuarta isla más grande del mediterráneo diez años después de que un romántico poeta alemán compusiera la Oda a la que Beethoven puso música en su más famosa sinfonía. Nuestro personaje tenía 20 años cuando fue nombrado el primer presidente de los EEUU y 30 cuando nació el impresionaste novelista francés que narró las ilusiones perdidas. El personaje que buscamos vivió su mayor desgracia en el lugar que da título al 2º disco del grupo sueco ABBA, y sufrió al final de su vida un penoso exilio en una isla bastante más pequeña que aquella en la que había nacido. Un hermano suyo fue rey de España y su sobrino el último rey que ha habido en Francia. El protagonista de nuestra ecuación fue retratado a menudo por el mismo pintor que llevó al arte la muerte de Sócrates (en la imagen) y fue interpretado en el cine por el mismo actor que hizo de Don Vito Corleone en El Padrino ¿De quién estamos hablando?
Hoy vamos a la busca de un personaje histórico nacido en la cuarta isla más grande del mediterráneo diez años después de que un romántico poeta alemán compusiera la Oda a la que Beethoven puso música en su más famosa sinfonía. Nuestro personaje tenía 20 años cuando fue nombrado el primer presidente de los EEUU y 30 cuando nació el impresionaste novelista francés que narró las ilusiones perdidas. El personaje que buscamos vivió su mayor desgracia en el lugar que da título al 2º disco del grupo sueco ABBA, y sufrió al final de su vida un penoso exilio en una isla bastante más pequeña que aquella en la que había nacido. Un hermano suyo fue rey de España y su sobrino el último rey que ha habido en Francia. El protagonista de nuestra ecuación fue retratado a menudo por el mismo pintor que llevó al arte la muerte de Sócrates (en la imagen) y fue interpretado en el cine por el mismo actor que hizo de Don Vito Corleone en El Padrino ¿De quién estamos hablando?
viernes, 9 de noviembre de 2012
Songs in the key of the life, de Stevie Wonder
Si el Guardián de esta Torre tuviera que elegir cinco discos que se llevaría a una isla desierta no tendría ninguna duda: Songs in the key of life estaría entre ellos. Porque es un disco doble, y algo vas ganando, porque es de 1976, y cumple ahora nada menos que 35 primaveras, porque colaboran monstruos como George Benson, Bobby Humprhey, Herbie Hancock o Dorothy Asbhy, y porque es un disco maravilloso, ea.
En realidad, Stevie Wonder dedicó más de dos años a preparar la que iba a ser su obra maestra, y con la que iba a ganar tropecientos Grammy, cuando los Grammy significaban algo. La casa discográfica Motown, con la que debutaba, recelaba un poco del caracter ecléctico del disco, en el que hay pop guitarrero, funk, soul de alto voltaje, pero también instrumentales, baladas y experimentos a capella, con arpa, y hasta ¡en lenguas africanas!, pero lo cierto es que ganó con él 9 millones de dolares, y aún hoy es el disco de Wonder que más semanas ha permanecido en la lista de números 1, y uno de los más grandes discos de los años 70.
Obra ambiciosa, en la que Wonder trataba de buscar las claves que hacen que la vida merezca la pena, Songs... incluía maravillosos cantos a la concordia y a la lucha de los negros en todo el mundo, como este "Black Man", concebido como una singular lección escolar, con intervención de un coro de niños sabios:
El inclasificable músico ciego encontraba claves para vivir en las vivencias del verano ("Summer Soft"), en los mínimos gestos de los seres que amamos ("Is it magic", a solas y con el arpa de Dorothy Asbhy), en la revolución (el explosivo "Confusion" o "I wish"), en la fraternidad ("Love´s in need of love") o en la nostalgia, como en este versionadisimo "Pastime Paradise", que han cantado desde Patti Smith hasta Talking Heads, y que aquí os ofrecemos con los aires latinos del percusionista cubano Ray Barretto:
Vale, que luego Stevie grabó The Talking book, que incluye la muy popular "Superstition", que se hizo luego sufi, o hinduista, o yo que sé, que se comercializó con "I just call to say I love you" (hay una escena muy divertida al respecto en la película Alta Fidelidad), que montó un tinglado con amigos en beneficio de Unicef (¡hizo cantar a Springsteen con Dylan, Cindy Lauper o Michael Jackson) y que acabó grabando anuncios de Tráfico en España, todos lo sabemos, pero Songs in the key of life es un disco como la copa de un pino, y eso no se lo quita nadie. En youtube podéis encontrar un documental sobre el proceso de grabación y el significado de este mítico doble LP.
En Songs... no hay, en verdad, ninguna canción que flaquee; con todo, y porque le toca muy de cerca, si este guardián tuviera que elegir una canción de este disco se decantaría por "Isn´t is lovely", dedicada a su hija recién nacida, y que os dejo con la letra y todo.
P.D. En la versión del disco se escucha el primer llanto de la pequeña Aisha, así como extractos de sus primeros balbuceos y juegos de baño. También tiene un solo de armónica impresionante.
De nada.
lunes, 29 de octubre de 2012
Drácula, de Bram Stoker
Ahora que se aproxima la cada vez más "comercializada" noche de difuntos o de Halloween, teníamos dos opciones notables de incrementar la Biblioteca de la Torre. El impresionante Don Juan Tenorio de José Zorrilla, campeón de los escalofríos hispánicos, y Drácula, de Bram Stoker. Seamos yanquis por una vez, e incorporemos a nuestros estantes la más terrorífica y espeluznante historia sobre muertos que jamás haya salido de magín humano: Drácula. Y ello no sólo porque sea una de las más populares novelas de terror, sino porque, en realidad, es un libro estupendo, y nada comercial, una historia de amor más allá del tiempo, una reflexión sobre la inmortalidad, la soledad o el destino, sobre la dura vida del inmigrante, sobre los odios de clase, el psicoanálisis, la religión y hasta sobre feminismo. De ella dijo Oscar Wilde que era "la novela más hermosa jamás escrita". No se equivocaba demasiado. Y es que Drácula es mucho Drácula.
Lo primero que sorprende al acercarse a esta obra es que su propio autor ha sido "vampirizado" por ella, pues quien nació en Irlanda con el nombre de Abraham Stoker, fue geógrafo y estudioso del folcklore irlandés, autor de estudios de prestigio sobre la cultura celta, periodista de prestigio, autor de numerosos relatos, y amigo de actores y gente de farándula, ha sido fagocitado por su genial novela de 1897, que no ha dejado apenas espacio para él en la Historia de la Literatura. Por lo demás, para componerla se estudió toda la literatura vampírica que le había precedido, terroríficas historias sobre tipos que viven eternamente alimentándose de la sangre de los vivos, como El Vampiro de Polidori, o Carmilla, la mujer vampiro, de Sheridan Le Fanu, a los que añadió los toques de realidad de las truculentas vidas de Erzebeth Bathory, "la Condesa sangrienta", o Vlad Dracul, "el empalador", oscuros personajes húngaros en los que se mezclaba la historia y la épica. Y si eso fuera así, Stoker hubiera sido un copión sin más, un plagiador más o menos habilidoso, y hoy no estaríamos hablando de él. Pero es que Drácula es mucho más que eso, y el tenebroso intercambio de cartas entre el agente inmobiliario Jonathan Harker, enviado por su agencia a comprar un castillo en Transilvania, y su amada Mina Murray, que va descubriendo asombrada en la terrible boca de lobo en la que se metió su novio, es uno de los momentos más altos de la literatura, la puerta que franquea el acceso al prodigio. Se te mete dentro y se queda ahí para siempre.
No podemos olvidar tampoco la iracunda personalidad del doctor Van Helsing, la balbuciente juventud truncada de Lucy, la "seducida" amiga de Mina, el desquiciado diario del doctor John Seward, el shakesperiano personaje del loco Reinfield y, desde luego, la poderosa presencia del conde Drácula, un hombre que es muchos hombres y a la vez ninguno. Nunca el mal había resultado tan atractivo y, casi sin quererlo, los lectores nos vamos sintiendo atraídos hacia el abismo al mismo tiempo que los personajes. El mal, la perversidad, el amor más allá de la muerte, el pasado medieval, la misteriosa Centroeuropa y sus castillos, el rechazo a las convenciones, el aprecio de lo exquisito, la aristocracia del alma. En más de un sentido, Drácula es el más romántico de los libros.
De Drácula hay muchas versiones, tanto literarias como cinematográficas. En el cine han sido grandes Nosferatu, obra maestra de cine mudo dirigida por Murnau y en la que el personaje del conde Drácula era interpretado por el conde Orlok, un tipo que bebía sangre y se consideraba a si mismo un vampiro, y versiones posteriores como la de Werner Herzog (en la imagen) con la bella Isabelle Adjani haciendo de Mina Murray, o más recientemente, la de Francis Ford Coppola. Pero, creedme amigos, ninguna sensación iguala la magia de la prosa enfebrecida de Stoker, el descubrimiento del amor prohibido de Mina, la atracción del abismo, la lucha contra un destino más fuerte que la vida.
Lo de menos es que Drácula, el conde Drácula, un dandy selecto y seductor, no se reflejaba en los espejos y no moría nunca, lo verdaderamente importante es que esta novela es un espejo de lo que con frecuencia no vemos de nosotros mismos y, por eso, lo que es verdaderamente inmortal es este libro.
viernes, 19 de octubre de 2012
Concurso Fotográfico
Como lo prometido es deuda aquí va la primera sorpresa: el Concurso Fotográfico del IES Arjé ¡ya está convocado! Y si quieres salir triunfante en él ya puedes ir perfeccionando tu técnica fotográfica, porque superar a Ana Ruiz y a Laura Escobar (las autoras de las fotografías ganadoras que ilustran este artículo) va a resultar una labor peliaguda. Eso si no directamente imposible. El Arjé Cultural te dará la respuesta. De momento atentos a los tablones donde figuran las bases del Concurso. Aparte de los premios en metálico y de figurar en el Cuadro Fotográfico de Honor, las instantáneas premiadas serán portada del anuario del Centro, uno de los prestigios más grandes que puedas echarte a la cara. Para las dudas técnicas contactar con Ignacio, el maestro fotográfico más inconmensurable que transita por estos lares. ¡Suerte a todos!
viernes, 5 de octubre de 2012
Libros de Cine
Aquellos que prefieren por sistema ver películas basadas en libros en lugar de leer los libros originales es como si prefirieran comerse un chicle previamente masticado por otra persona; un chicle, no me negaréis, ciertamente asqueroso, y además sin sabor. Por más vueltas que le demos, leer es una experiencia infinitamente más intensa que ver (sobre todo si lo que ves es una "traducción" y/o imitación). Y esto no sólo porque las películas basadas en libros generalmente matan las fantasías y especulaciones que los libros suscitan, sino porque el cine tiene unas reglas y la literatura otras: son juegos distintos, aunque puedan parecerse. Y a mi que no me digan: jugar a ping-pong con balones de baloncesto no me parece muy práctico.En realidad ninguno de los realmente grandes en literatura ha tenido demasiada suerte con sus adaptaciones al cine. Ni Cervantes ni Shakespeare (aunque lo hayan intentado los mejores) han dado un cine digno, pero tampoco Moliére, Goethe, Quevedo o Victor Hugo. Más suerte, en cambio, parece haber tenido una novelista menor como Mary Shelley, cuyo Frankenstein, en la versión cinematográfica de James Whale, es prodigioso (hay incluso una continuación, La novia de Frankenstein, que es aún mejor, y que está enteramente sacada del magín de Whale pues, como todo el mundo sabe, el pobre monstruo del doctor Frankenstein no ligaba nada). Tampoco le ha ido mal a Guy de Maupassant, cuyo increíble cuento sobre la guerra franco-prusiana, "Bola de Sebo", se convirtió, en las manos de John Ford, en La Diligencia, un western psicológico, sobre los orígenes de Norteamérica. Ni a Julio Cortázar, pues al menos uno de sus cuentos, "Las babas del diablo", se ha convertido en una gran película, Blow Up, aunque transportado por Antonioni al Londres pop de los 70. Tampoco debemos pasar por alto El corazón de las Tinieblas del "extraño" Joseph Conrad, que Francis Ford Coppola, trasladando la historia de África a Vietnam, convirtió en Apocalipse Now. Puro cine. Y qué decir de ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, la extraordinaria novela de Philip K. Dick, que Ridley Scott transformó en otra cosa distinta, pero también increíble en Blade Runner, con Harrison Ford haciendo de agobiado cazador de androides. Un caso singular de "traición" al libro es La Naranja Mecánica, una notable novela moral de Anthony Burguess sobre el trabajoso paso de la adoscencia a la madurez, que Stanley Kubrick convirtió en una inmoral epopeya sobre la violencia del Estado y la libertad individual dotada de una increíble fuerza visual.
¿Y los cómic? Que me aspen si V de vendetta o Watchmen, de Alan Moore, no son absolutas obras maestras del arte de la viñeta que el cine no ha podido igualar.
Hablemos por último de dos novelas fiasco que fueron grandes películas. Por ejemplo, Sed de Mal, de Orson Welles, una de las mejores películas de la Historia, está basada en una patética novela de Whit Matterson; y Rebeca, la más emocionante película de Alfred Hitchcock, en una novela sosísima de Dapne du Maurier.
En fin, no cabe duda, los mejores logros del "cine literario" se han producido cuando el cine ha usado su propias reglas, aunque ello suponga transformar la historia original, como muestra de que los matrimonios de conveniencia (desganados o comerciales) entre literatura y cine nunca han disfrutado de ninguna apacible Luna de Miel.
sábado, 29 de septiembre de 2012
September Song
De acuerdo. Septiembre siempre ha sido un mes extrañamente melancólico. Por un lado está el final del verano y el retorno del frío y el no menos fastidioso retorno a las clases. Y aún más melancólico si, como este año, Septiembre finaliza entre lluvias tan pertinaces como las del cuadro de Pisarro que acompaña estas letras. Pero, ¡ojo! Septiembre es también el eterno retorno de Nietzsche, el principio de un curso que tiene la cara alargada de la promesa, el espacio abierto al infinito, al descubrimiento, a la renovada sorpresa. Si bien se mira, Septiembre te ofrece cada año la oportunidad de estrenar el mundo de nuevo. Y eso ya no está tan mal.
Nosotros por nuestra parte, desde esta Torre del desafío que es la nuestra, compuesta ya ni siquiera de papel, porque es virtual, prometemos apostar fuerte por ese reestreno en este curso que ahora comienza, y que será el tercero de vida para esta Torre más sólida cuanto más fortalece el intelecto de los que merodean por ella. Con nuestras secciones habituales y alguna que otra sorpresa, La Torre se renueva para crecer. Y así, entretanto ya se nos ha ido Septiembre, para dar paso a Octubre, un mes descaradamente más soso. Os dejamos con una de las más melancólicas evocaciones del mes al que los republicanos franceses llamaron Fructidor, el mes de los frutos. Ahí es nada.
Nosotros por nuestra parte, desde esta Torre del desafío que es la nuestra, compuesta ya ni siquiera de papel, porque es virtual, prometemos apostar fuerte por ese reestreno en este curso que ahora comienza, y que será el tercero de vida para esta Torre más sólida cuanto más fortalece el intelecto de los que merodean por ella. Con nuestras secciones habituales y alguna que otra sorpresa, La Torre se renueva para crecer. Y así, entretanto ya se nos ha ido Septiembre, para dar paso a Octubre, un mes descaradamente más soso. Os dejamos con una de las más melancólicas evocaciones del mes al que los republicanos franceses llamaron Fructidor, el mes de los frutos. Ahí es nada.
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