Revista cultural de la Biblioteca del IES Arjé



jueves, 11 de abril de 2013

DESCUBRIMIENTOS CIENTÍFICOS ACCIDENTALES: SERENDIPIA


 Al estudiar en un instituto alguna materia científica, más de una vez se hace referencia al método científico y a las etapas de las que consta: observación de un fenómeno de interés, formulación de hipótesis, experimentación, extracción de conclusiones y comunicación de resultados. Esto nos lleva a pensar, equivocadamente, que todos los grandes descubrimientos científicos han pasado por dichas etapas. Pues bien, aunque todo buen científico sigue y ha seguido estos pasos, el papel del azar, de lo accidental, ha sido y es determinante en muchos descubrimientos científicos. Es decir, han llegado a nosotros como resultado de la serendipia: “la facultad de hacer descubrimientos afortunados e inesperados por accidente” (Diccionario Collins, traducción del inglés). La palabra serendipia deriva de la inglesa “serendipity”, utilizada por primera vez por Horace Walpole (político, escritor e innovador arquitecto británico), quien en 1754 en una carta a un amigo le decía que había quedado muy impresionado por el cuento tradicional persa “Los tres príncipes de Serendip”, donde los protagonistas estaban siempre haciendo descubrimientos, por accidente y sagacidad, de cosas que no se habían planteado. Serendip es un antiguo nombre de Sri Lanka. Walpole usó el término para sus propios descubrimientos accidentales.
Es importante decir que no debemos equivocarnos: estos descubrimientos significativos a los que nos referimos con el término serendipia no son fruto sólo de la mera casualidad. Aunque el azar juega su papel, el conocimiento en profundidad y extensión de una materia son prerrequisitos indispensables, porque:
“No todo el que mira, ve. Como no todo el que oye, escucha. Por eso no todo el que busca, encuentra”
En algunas clases del instituto es posible que nos hayan mencionado algunos de estos descubrimientos accidentales. Por ejemplo:
• En el siglo III a. C., Arquímedes descubrió su famoso Principio al introducirse en una bañera y observar que desalojaba una masa de agua igual al volumen sumergido de su cuerpo. Dice la leyenda que salió desnudo corriendo a la calle gritando “¡eureka!”, es decir, “¡lo encontré!”. Buscaba demostrar que una corona dorada hecha para su rey por un orfebre deshonesto no era totalmente de oro.
• En 1819, Oersted realizaba un experimento para sus estudiantes con el fin de explicarles en qué consistía el paso de una corriente eléctrica por un conductor. Observó que una brújula colocada accidentalmente cerca de dicha corriente se movía, situándose perpendicularmente al conductor. Acababa de descubrir que una corriente eléctrica producía un campo magnético. Este descubrimiento fue crucial en el desarrollo de la ciencia, ya que fue la primera evidencia de la relación existente entre la electricidad y el magnetismo.
Kekulé y la estructura del benceno
Kekulé llevaba muchos años intentando encontrar la estructura de la molécula de benceno, componente básico de toda una familia de compuestos orgánicos denominados hidrocarburos aromáticos. Cuenta en sus memorias que, en 1865, tuvo un sueño en el que “los átomos se agitaban y chocaban entre ellos formando una cadena. Luego, varios átomos se unieron formando una serpiente que se mordía su propia cola y giraba velozmente”. Se despertó y lo tuvo claro: la molécula que buscaba tenía que ser un compuesto cíclico (un anillo) de seis átomos de carbono.
• En 1895, Roentgen “jugaba” con los rayos que se emiten cuando los electrones golpean un metal. Al colocar varios objetos enfrente de la radiación, vio los huesos de su mano proyectados sobre la pared. Acababa de descubrir una radiación invisible muy penetrante a la que se llamó rayos X. En 1901 fue galardonado con el Premio Nobel de Física por su descubrimiento.
• En 1896, Becquerel descubrió accidentalmente, mientras investigaba sobre la relación de la fosforescencia de unas sales de uranio con los rayos X, que el uranio emitía una radiación misteriosa, más penetrante aún que los rayos X, a la que posteriormente se le llamó radiactividad. Todo se debió a haber colocado las sales de uranio que utilizaba en sus experiencias sobre una placa fotográfica envuelta en papel negro en una zona oscura, en un cajón, y observar que la placa se ennegrecía, se había velado, a pesar de que no había sido expuesta a ningún tipo de luz ni otra radiación conocida hasta el momento. Se le concedió en 1903 el Premio Nobel, que compartió con Pierre y Marie Curie, “en reconocimiento a los servicios extraordinarios que ha proporcionado su descubrimiento de la radioactividad espontánea”.
• En 1928, Alexander Fleming, cuyo laboratorio estaba habitualmente muy desordenado, estaba investigando sobre la gripe cuando se dio cuenta de que un moho azul-verdoso, la colonia de un hongo, había infectado espontáneamente, como un contaminante, una de sus placas Petri y había matado a la bacteria staphylococcus que cultivaba en ella. Dicho hongo, penicillium notatum, produce una sustancia natural, la penicilina, con efectos antibacterianos, así que este hecho accidental sirvió para salvar millones de vidas. Fleming recibió el Premio Nobel en 1945. Pero hay otros que, aunque son menos conocidos, son bastante curiosos:
• El caucho es el componente fundamental en la fabricación de neumáticos. El caucho natural se pudre y huele fatal si no se vulcaniza (se calienta en presencia de azufre para volverlo más duro y resistente al frío). El caucho vulcanizado fue descubierto en 1839 por Charles Goodyear por accidente al volcar un recipiente de azufre y caucho encima de una estufa.
• En 1853 el chef G. Crum decidió fastidiar a un cliente que siempre se quejaba del gran grosor de sus patatas fritas. Las partió del grosor de un papel y las dejó en la sartén hasta que crujían. Este cliente fue la primera persona en probar las patatas chips.
• El ingeniero suizo George de Mestral, en 1941, tras dar un paseo por el campo pensaba en lo complicado que era desenganchar de sus pantalones los frutos de algunos cardos Arctium bardana (arrancamoños). Los estudió con su microscopio, descubriendo que poseen unos ganchos con una forma tal que se pueden adherir muy eficientemente a superficies irregulares. Se le ocurrió crear un sistema de cierre basado en la estructura observada: el velcro.
• En la Segunda Guerra Mundial los emisores de microondas (magnetrones) eran usados por los radares del ejército aliado para detectar enemigos. Se empezaron a utilizar para calentar comidas a partir de 1946 después de que uno de ellos derritiese un caramelo que llevaba en el bolsillo un ingeniero de la empresa Raytheon (corporación industrial y uno de los contratistas militares más grandes de los Estados Unidos).
• El aspartamo, edulcorante artificial, fue descubierto en 1965 por J. M. Schlatter. Mientras investigaba con una droga contra las úlceras, derramó algo de aspartamo por accidente sobre su mano. Al lamerse el dedo se dio cuenta de su sabor dulce. Algo similar ocurrió con otros dos edulcorantes artificiales: el ciclamato y la sacarina.
• El citrato de sildenafilo, más conocido por el nombre comercial de Viagra, fue diseñado inicialmente para tratar la angina de pecho y la hipertensión arterial. Los primeros ensayos se realizaron en el Hospital de Swansea (Gales) donde se pudo comprobar, con gran sorpresa, que uno de sus efectos secundarios era que los pacientes masculinos podían desafiar la gravedad con cierta parte del cuerpo.
Pues bien, puedes conocer más descubrimientos accidentales en el libro “Serendipia. Descubrimientos accidentales en la ciencia” de Royston M. Roberts. ¡Quién sabe si el día de mañana puedes tener la misma suerte que Clara Lazen, una niña de 10 años de la escuela Border Star Montessori en Kansas City, Missouri (EEUU)!. En enero de 2012, su profesor de Química había repartido en la clase kits de modelado para que construyesen moléculas. Al acercarse al pupitre de Clara vio que esta había dispuesto al azar una combinación única de átomos de C, N y O que tiene el potencial de almacenar energía y que podría convertirse en un potente explosivo: tetranitratoxycarbon. Hoy en día, los químicos intentan sintetizar esta molécula, ya que no se encuentra en la naturaleza.
Clara Lazen con su profesor Robert Zoellner

domingo, 24 de marzo de 2013

El Diablo Mundo, de José de Espronceda



Sobre una mesa de pintado pino
melancólica luz lanza un quinqué,
y un cuarto ni lujoso ni mezquino
a su reflejo pálido se ve.


De esta manera comienza la más extraordinaria de las obras inacabadas que ha dado nuestro idioma, la más ácida de las versiones del Fausto de Goethe, y un experimento literario prodigioso. Novela en verso a la manera de Pushkin, y con toda la ironía y la mala leche de un romántico en sus últimos días, El Diablo Mundo representa, a la vez, la ansiedad perpetua por estrenar el mundo que engalanaba a los románticos, con la aguda y cínica decepción de los posmodernos. Y además Espronceda, que era un poeta mayúsculo, supo edificar esta indiscutible obra maestra con un sentido del humor políticamente incorrecto, que te asalta despiadado a la vuelta de un endecasílabo, inaugurando la poesía española contemporánea:

«¡Cuán fugaces los años,
¡ay!, se deslizan, Póstumo!», gritaba
el lírico latino, que sentía
cómo el tiempo cruel le envejecía,
y el ánimo y las fuerzas le robaba.
Y es triste a la verdad ver cómo huyen
para siempre las horas, y con ellas
las dulces esperanzas que destruyen
sin escuchar jamás nuestras querellas.
¡Fatalidad! ¡Fatalidad impía!
Pasa la juventud, la vejez viene,
¡y nuestro pie que nunca se detiene
recto camina hacia la tumba fría!
Así yo meditaba
en tanto me afeitaba
esta mañana mismo, lamentando
como mi negra cabellera riza,
seca ya como cálida ceniza,
iba por varias partes blanqueando;(...)

¡Malditos treinta años,
funesta edad de amargos desengaños!


El Diablo Mundo, al que la muerte de Espronceda dejó sólo en siete capítulos o cantos pasa fácil de la turbiedad gótica al frío racionalismo de Voltaire, y se lee como un cuento inmoral, sin almíbar, una andanada preventiva a los Jorge Bucays antes de que se inventaran. Un puñetazo en la jeta. Es la fría lección de un rebelde en horas bajas, un mapa que nos disuade de cualquier búsqueda de tesoros o, si queremos, la caligrafía amarga del que ha descubierto toda la podredumbre del mundo. Así, la historia de quien vende su alma al diablo para vivir eternamente y acaba descubriendo luego lo absurdo de esa aspiración tan castroja es pura poesía del delirio, el garabato de un loco. Cuando Adán va descubriendo las mil miserias de la existencia y la imposibilidad de ser feliz en un mundo diseñado para que estemos siempre insatisfechos es imposible no ver ya, anticipados, en los versos de Espronceda, no sólo a Cernuda (que era, a su manera, un romántico) o a Costafreda sino también a Sartre, o a Albert Camus. El héroe de El Diablo Mundo fue, en realidad, el primer extranjero. Y además tiene el "Canto a Teresa", hermosa balada en medio de un disco definitivamente más heavy. Ocurre, no obstante, que como todo lo romántico ha sido tan banalizado, Espronceda por serlo ha ido a parar al mismo saco, y rara vez se le reconoce la estatura poética que tiene. Sólo "A Jarifa en una orgía" ya le hubiera valido la gloria de ser este un país más serio. Ah, pero aquí sólo llamamos por su nombre a la copla. 

viernes, 15 de marzo de 2013

King Crimson o la esquizofrenia del S.XXI

Pues sí, fieles amigos de la sección musical de la Torre, el nivel de creatividad de los años 60 era tanto que un disco como In the court of the Crimson King, un monumento sonoro imprescindible en la historia de la música del S.XX, y cuya portada tienes a la izquierda, pasó casi inadvertido. Claro, corría 1969. Y 1969 era mucho 1969: Beatles, Stones, Kinks, Small Faces, Velvet Underground, Led Zeppelin, ¡Jimi Hendrix!.... El album, por si fuera poco, era de los raros: prolongadas piezas de casi diez minutos, construidas a modo de suites orquestales donde el rock duro, la psicodelia, la música de cámara y la experimentación se daban la mano. El grupo lo componían una serie de músicos desconocidos (de los cuales sólo Robert Fripp, elguitarrista, llegó a hacer carrera) y para colomo de extrañezas atribuía la "iluminación" de la banda a un tal Peter Sinfield, un oscuro poeta neo-surrealista que firmaba las letras como, ciertamente, un iluminado, traspasado de visiones oníricas y de ácido. El resultado de aquella propuesta era demoledor; un disco agresivo y tierno a partes iguales con versos que han pasado, con justicia, a la historia: "la confusión será mi epitafio", o "soy la esquizofrenia del S.XXI", reinvención al más puro estilo Verlaine de "soy el imperio en el fin de la decadencia".



Las proezas de la banda continuaron todavía algunos años, con obras como Islands, In the wake of poseidon, Lark´s tongues in aspic o Starless and bible black, cuyo único nexo en común es la presencia de Fripp y la bandera de la libertad. Complejas tramas sonoras, que alternan afiladas guitarras eléctricas concuartetos de cuerda,  y hasta samplers con sopranos, junto con la rara poesía de Sinfield dan a estas obras una cualidad trascendente, una belleza quebradiza y un nivel sonoro ciertamente altísimo.




King Crimson fueron, en verdad, pioneros en la utilización para el rock de instrumentos raros, como el melotron, y muy poco rockeros, como el cello o la flauta, además de ser, decididamente, el único grupo que ha sabido sacar belleza de ese engendro llamado sintetizador. Su innovador trabajo con los bajos, su uso de saxos e instrumentos de música clásica junto con los electrónicos, el sabio uso de los silencios o las tramas sonoras superpuestas, dan a las composiciones del grupo una textura muy particular. No se parecen a nadie. Son ellos. Demoliendo las convenciones musicales para alumbrar nuevos mundos sonoros: la utopía de un S.XXI mucho menos libre de lo que ellos imaginaron.
Los Crimson, aunque nunca fueron un grupo de masas, han acabado ocupando su lugar en las enciclopedias como representantes del Rock Progresivo, etiqueta que, en realidad dice bastante poco para un grupo que, durante cinco o seis años, mantuvo una riqueza musical y un nivel de experimentación dignos de Stravinsky o Coltrane.
A finales de los 70, y sobre todo en los 80, todo en la música cambió para nunca volver. Se impusieron las radio-fórmulas comerciales y las modas, y el rey carmesí, o al menos lo que había simbolizado, dejó de existir en espíritu, aunque aún anduvieran sacando discos hasta tiermpos recientes. Como buen movimiento de vanguardia, el "crimsonismo"  fue demoledor y efímero. Fripp ha continuado con proyectos experimentales (incluido un memorable concierto en Granada, hace cinco años), y Sinfield desapareció tan misteriosamente como había aparecido, dejando un puñado de versos que sin duda mejoraron el mundo.




miércoles, 6 de marzo de 2013

Ecuación cultural Nº4. La de las musas


Y bien, amigos de la Torre, vamos con la 4ª de la Temporada, llena de cine, música y literaura. ¡Cosas por las que merece la pena vivir!

Hoy buscamos un libro. Su autor nació el mismo año en que moría el "padre" de Huckelberry Finn y algo más al sur, pero en el mismo continente, se iniciaba una ilusionante Revolución, que, entre otras cosas, inspiró una magnífica novela de Mariano Azuela y una mítica película protagonizada por el actor que interpretó a Don Vito Corleone y a Stanley Kowalski. El año en que se publicó el libro que buscamos tuvo un verano muy triste para nuestro país, y el más famoso de los poetas en Nueva York padeció en agosto las consecuencias. El autor de este libro también vivió esos acontecimientos, que influyeron mucho en su muerte, que se produjo el mismo año en que nacía en Santiago de Chile una escritora muy interesada en las casas y en los espíritus. Al verano de ese año le dedicó Robert Mulligan una hermosa película. El título del libro que buscamos tiene cierta relación con el más famoso invento de un "manoseado" político e inventor nacido en Boston el mismo año en que moría el autor del más famoso "canon" musical de todos los tiempos. ¿De qué diablos hablamos hoy?

lunes, 18 de febrero de 2013

Palabras para San Valentín

"Uno y uno son dos. Tú y yo somos uno"...
Así comienza la carta de amor premiada con el primer premio de epístolas convocado con motivo del Día de San Valentín por el Departamento de Lengua. Por segunda ocasión consecutiva Paula Criado, de 2ºB, se alza con el premio, bajo el seudónimo de Pata Wilix.
En la categoría de poesía el galardón ha correspondido a la alumna Paula Andrea Gutiérrez, de 3ºC, que participó en el Concurso con el poema "Luna" y el seudónimo de Pumuki.
Ambas recibirán un cheque regalo para material escolar y recibirán su diploma acreditativo en la Entrega de Premios que tendrá lugar en el último trimestre y como colofón a las actividades conmemorativas del 10º Aniversario del IES Arjé.

martes, 12 de febrero de 2013

Ecuación cultural Nº 3. A ritmo de jazz

Seguimos en nuestra particular búsqueda de mundos ocultos a la que vienen apuntándose algunos de los lectores más avezados de la Torre. Allá va la tercera:

El mismo año en que ganó el Oscar la actriz que se tomó unas divertidas vacaciones en Roma, también tuvo lugar en el Massey Hall de Toronto un magnífico concierto de jazz, acaso el más famoso de todos los tiempos. Todos los excelentes músicos que en él participaron, tuvieron relación con otras disciplinas. Uno llegó a presentarse a presidente de los EEUU el mismo año en que "los escarabajos" de Liverpool publicaron su primer disco. Otro llegó a publicar una enloquecida novela de título canino con reflexiones sobre el racismo, y otro fue el protagonista de uno de los más celebrados relatos de un autor argentino nacido en Bélgica y autor de una novela-juego. Este último también fue objeto de una película de título ornitológico, dirigida por el autor de Mystic River. ¿De qué hablamos hoy?

jueves, 31 de enero de 2013

Si encubriera más lo humano

Aquel irónico diagnóstico de Cervantes considerando a La Celestina "obra a mi parecer divina, si encubriera más lo humano", ha acabado convirtiéndose en una de las más terribles plagas que han azotado la literatura -y, en especial, la novela- escrita en nuestro idioma. Y es el caso que en nombre del "duende", la magia, los artificios de ingenio, la técnica, la belleza o la trascendencia y el "más allá", la novela española ha ido, desgraciadamente, abandonando "lo humano", la realidad de las miserias de este maltrecho "más acá" donde moramos. Y es que parece que, en nuestro país, hablar de "lo real" parece estar definitivamente prohibido, porque acaso diseccionar la realidad con bisturí aviente el mal olor de nuestros muchos cadáveres exquisitos. Aquí lo real se oculta contraviniendo, paradójicamente, la propia genética de nuestra literatura (Mio Cid, La Celestina, Lazarillo, don Quijote), en beneficio de una novela pretendidamente artística que, en verdad, acaba resultando artrítica, pues rehuye con cobardía la descripción cruda de la difícil odisea de vivir. Y una novela por encima de la muchedumbre no merece el nombre de novela.
Lo triste es que los pocos autores que han intentado por estos lares profundizar por debajo de la piel de toro buscando la basura bajo la alfombra, han sido castigados con la penosa losa del olvido. Qué fue si no de Felipe Trigo, novelísta mayúsculo, autor de precisos diagnósticos de la corrupción hispánica como El médico rural o Jarrapellejos. En su época sus libros se vendían como rosquillas pues eran como un espejo de la podredumbre de una sociedad que no ha cambiado nada en 100 años y, sin embargo, los corifeos de lo artístico se han ocupado de condenarlo como "autor menor" o "pornográfico". ¿No será la realidad la que es pertinazmente pornográfica?¿Qué de José Díaz Fernández, que en El Blocao muestra con crudeza los sinsentidos de la guerra? ¿Qué de César Muñoz Arconada, que en La Turbina desmonta todos los falsos mitos del progreso `made in spain´? ¿Qué de Max Aub, cuya Gallina Ciega es como una radiografía de los males de la nación? ¿de Arturo Barea, que en La forja de un rebelde, resume la historia de la España contemporánea sin maniqueísmos ni pamplinas? ¿dónde están en los libros de texto? Si la realidad hiede, lo que hay que hacer es diagnosticarla y tratarla en lugar de proscribir los libros de quienes nos la cuentan. Porque en la Posguerra ocurrió idem de lo mismo, y los Alfonso Grosso, López Pacheco, Antonio Ferres o Armando López Salinas fueron condenados como "novelistas de la berza", para acabar como outsiders, en el limbo, fuera de la historia literaria que, en nuestro país, ha acabado siendo patrimonio de los que creen que la literatura no debe ensuciarse y que debe flotar por encima de las cosas de este mundo, como un bécqueriano cendal flotante de leve bruma. Aquí la basura se deja debajo de la alfombra; mejor no asomarse al pozo. Así que seguimos leyendo a Unamunos, Azorines, Celas, o Juanes Benet. Y en ellos ¿Ah de la vida? Nadie me responde.
En la actualidad, el drama aún continúa. Hablar de la realidad de las relaciones laborales, de la explotación, de la corrupción política y empresarial, del falseamineto de la historia, de la aniquilación del "espíritu colectivo", o del definitivo desplome de la utopía es sistemáticamente condenado como pseudo-literatura, porque la literatura de verdad no se moja. Y es por ello que Rafael Chirbes (La larga marcha, Crematorio), Belén Gopegui (Lo real, El padre de Blancanieves) o Isaac Rosa (El vano ayer, La mano invisible) no estarán nunca en el canon. No interesan. Y así nos va.
  

lunes, 21 de enero de 2013

Ecuación cultural Nº2. La acróstica

La segunda de las ecuaciones culturales de la temporada pretende desvelar la personalidad del orondo novelista de la foto. Como siempre debes responder minuciosamente a todo el entramado de preguntas intermedias.

El mundo sumergido de hoy es el de uno de los más potentes autores de literatura de aventuras que haya existido jamás. Un autor tal vez demasiado prolífico (se dice que tenía equipos de trabajo que componían muchas de las novelas que él firmaba), y padre de algunas criaturas literarias que tal vez conozcas. 
Hoy rizamos el rizo. Para descubrir el apellido del autor que hoy buscamos tendrás que componerlo con las iniciales de los cinco conceptos siguientes:
1. Ciudad del norte de Europa en la que nació el seductor filósofo al que se considera padre del existencialismo.
2. Criatura mitológica sobre la que escribieron el aristocrático novelista argentino autor de Bomarzo, y el historiador español ganador del Premio Planeta en 1987.
3. Escritora británica, fundadora del feminismo, casada con el filósofo inspirador del anarquismo, suegra de un importante poeta romántico y madre de la novelista que relató la terrible historia de Frankenstein.
4. Nombre del venenoso reptil que acabó con la vida del personaje histórico que sedujo a Julio César y a Marco Antonio y ha sido encarnado en el cine por Elisabeth Taylor y Monica Bellucci.
5. Denominación que se da a un hallazgo afortunada que se produce cuando uno está buscando realmente otra cosa. En realidad el término fue acuñado en uno de sus cuentos por el autor de El castillo de Otranto, y sirve de título a una película de 2001 protagonizada por John Cusack.

viernes, 21 de diciembre de 2012

Veinte mil leguas de viaje submarino, de Julio Verne

Estamos de enhorabuena, torreadictos del mundo, porque acaba de llegar a las librerías esta impresionante edición de la más fascinante aventura submarina que jamás nació de magín humano, con impresionantes ilustraciones y traducción refrescada. Con motivo de este feliz acontecimiento vamos a dedicar unas palabras a este libro prodigioso, con el que vamos a cerrar este tumultuoso 2012.
Como otras muchas grandes obras de la historia de la literatura, Veinte mil leguas... es, en realidad, un serial, publicado por capítulos en la prensa francesa a lo largo de ¡1869! y sólo editado en volúmen posteriormente. No creo que sea necesario insistir en la ya conocida virtud premonitoria del autor francés (ni submarinos, ni escafandras de buceo, ni botellines de oxígeno, ni fusiles acuáticos... existían en 1869), pero sí en los complicados intríngulis de la personalidad del Capitán Nemo, uno de los malos más fascinantes que haya producido la letra escrita (los malos suelen ser, en literatura, más interesantes siempre que los buenos). En realidad, este viejo lobo de mar, experimentado científico, investigador, coleccionista y bibliófilo, es un espíritu anarquista, hastiado de esta sociedad materialista, grosera, sin ambiciones y sin respeto al talento ni al diferente; una sociedad  sin corazón y sin arte a la que decide destruir, francamente, por hacerle un favor: por ahorrarnos un poco de degradación a todos. A bordo del legendario submarino-mansión-laboratorio-biblioteca "Nautilus", el capitán Nemo no cejará en su empeño destructor (¡eso sí que era un fin del mundo!) a la vez que divulgador de la "idea".  La denodada lucha del profesor Arnnaux, a ratos seducido por la magnética personalidad de Nemo, y del intrépido ballenero Ned Land por impedir ese programado fin del mundo, inunda de páginas memorables este libro que ha poblado de tantos paisajes sub-acuáticos y minutos gloriosos los espíritus adolescentes desde hace 150 años. Convencido además Julio Verne de que el capitán Nemo era la mayor de sus creaciones, prolongó su existencia en otras dos novelas: Los hijos del capitán Grant y La Isla Misteriosa, que ramifican y profundizan aún más en la personalidad de este malvado legendario. Y el resultado es una trilogía compacta y maravillosa. Una gozada, oiga. Sólo por otear siquiera un instante en la biblioteca del capitán Nemo, en su pequeño retiro ascético de "aqueste mundo malvado", ya merecería la pena. La edición que ahora nos brinda Nórdica hace aún más apetecible este manjar, que hizo levantarse muchas veces de la silla al Guardián de la Torre cuando ostentaba una edad menos provecta. Si lo lees además acompañado de música de Beethoven volverás a creer de nuevo en el mundo. Así que ya sabéis. De nada

martes, 11 de diciembre de 2012

Libros con historia

 
 
 
Ahora que, con pretexto sentimental, nos encontramos en uno de los periodos más consumistas del año, y amenaza (creo que, una vez más, sin éxito) el libro digital, habría que recordar que, mal que les pese a estos nuevos mercaderes, los libros no sólo cuentan historias: los libros tienen su historia. Y aquí proponemos un breve repaso de las más novelescas vidas de algunos volúmenes.
Tomemos en primer lugar La Celestina, genial obra dramática publicada originalmente en 1499 como Comedia de Calisto y Melibea y mejorada después en 1502 hasta quedar convertida en Tragicomedia de Calisto y Melibea. En cualquier caso el libro, de autor desconocido, era un rato raro porque en su primera versión tenía 16 actos y en la segunda 21 ¿quién se come una representación tan larga? Para colmo, la obra, que desde el primer momento adquirió categoría de clásico, incluía al principio uno de los peores poemas que se hayan compuesto jamás en lengua castellana, versos torpísimos y sin ritmo que mezclaban sin concierto refranes, hormigas y mitos griegos. Sin más: un despropósito. Y nadie, en todos los cien años siguientes, supo resolver el misterio de aquel patético poema que, leído acrósticamente (esto es: la letra inicial de cada verso en vertical), venía a decir: "El bachiller Fernando de Rojas acabó la Comedia de Calisto y Melibea y fue nacido en la Puebla de Montalbán". Todo eso, sin faltar una letra. Y así, gracias a este truco, Fernando de Rojas pasó a la historia sin pasar por la hoguera, porque la obra se las traía: era blasfema, suicida, magnicida y obscena, y la Inquisición hubiera dado buena cuenta de su autor de haber sabido quién era.
Otro libro con historia es el semi-desconocido Quijote de Alonso Fernández de Avellaneda, un tipo que nunca existió ni consta en registro civil alguno, pero que al publicar de manera oportunista en 1614 esta no del todo mala continuación de Don Quijote acabó por decidir a Cervantes a continuar su propia novela en la más memorable segunda parte que vieron los siglos pasados y acaso vean los venideros. En la continuación cervantina don Quijote muere al fin, después de verse vencido por el bachiller Sansón Carrasco disfrazado de Caballero de los espejos... y fin de la polémica (Nabokov llegó a imaginar la genialidad que hubiera sido un apoteósico duelo final entre el don Quijote verdadero y el falso Quijote de Avellaneda).
Tampoco Shakespeare, un actor metido a autor, se libró de la polémica histórica, en este caso centrada más que en sus libros en él mismo, porque hay quien piensa que en realidad se trataba de una mujer disfrazada de hombre (las mujeres estaban vedadas en el teatro victoriano) o incluso un grupo de actores británicos imaginando obras para lucir sus cualidades interpretativas. Su extraña muerte, llena de coincidencias, y el hecho de que ninguno de los cuadros que lo retratan presente algún parecido han contribuido a alimentar la leyenda.
Podíamos seguir, y quizá lo hagamos en otro momento, repasando libros con historia, pero por hoy lo dejaremos recordando La conjura de los necios,un contracultural libro que John Kennedy Toole, un treintañero sin oficio ni beneficio, se cansó de presentar manuscrito a un sinfín editoriales que lo despachaban con sistemático e idéntico desprecio: era un don Nadie: ¿para qué tomarse la molestia de leerlo? Y John murió ignorado, pensando con razón que había una conjura de necios contra él. Sólo la insistencia de su madre Thelma durante más de diez años consiguió que el libro viera finalmente la luz batiendo todos los records y consiguiendo todos los premios. Se convirtió rápido en un clásico indiscutible de la narrativa norteamericana. Nunca lo supo, pero John era, finalmente, alguien.