Revista cultural de la Biblioteca del IES Arjé



jueves, 31 de marzo de 2016

Algunas excentricidades, locuras y extravagancias de grandes científicos


Durante toda la historia de la humanidad hemos conocido el caso de muchos genios con algún desorden mental y/o neurológico. No se escapan los grandes científicos:

Tycho Brahe:

            Algunas de las excentricidades de este famoso astrónomo eran tener un alce como mascota y un enano debajo de la mesa al que le daba de comer de vez en cuando. Al parecer, murió por no ir al baño: contrajo una infección en la vejiga tras aguantar sus ganas de orinar en un banquete ya que pensaba que levantarse sería romper la etiqueta.

Isaac Newton:

Considerado por muchos el científico más importante de la historia, en la Enciclopedia Británica podemos leer que sufría algunos trastornos psicóticos como depresión, desorden bipolar y paranoia. Llegaba incluso a olvidarse de comer y dormir. Dedicó gran parte de su vida a la alquimia, por lo que algunos de sus biógrafos piensan que pudo padecer un envenenamiento de la razón debido a sus exposiciones al mercurio.
            Entre sus excentricidades podemos citar la de no publicar los descubrimientos que hacía. Por ejemplo, se cuenta que Edmund Halley lo visitó en 1684 y le comentó que estaba estudiando con algunos colegas de Londres qué fuerza era la que mantenía a los planetas en órbita elíptica girando alrededor del Sol. Halley animó a Newton a averiguarla y el gran sabio le contestó que ya lo había descubierto hacía 20 años, aunque había extraviado muchas notas. En 1867 publicó los trabajos realizados en el libro “Philosophiæ naturalis principia mathematica”, donde enunció sus tres famosas leyes de la dinámica, a partir de las cuales pudo deducir la expresión de la fuerza gravitatoria. Según muchos historiadores de la Ciencia, es posible que Newton se llevase a la tumba muchos descubrimientos que aún hoy desconozcamos.

Gaspar Balaus:

Aunque no muy famoso, este médico del siglo XVII (además de orador y poeta) estaba convencido que estaba hecho de mantequilla. Evitaba cualquier fuente de calor (una lámpara, una chimenea,…) para no derretirse. Tal era su manía que le llegaría a costar la vida: un dí­a muy caluroso temió fundirse y se arrojó de cabeza a un pozo, muriendo ahogado.

Albert Einstein:

            Este gran genio, considerado por sus coetáneos como “el científico excéntrico de los pelos revueltos”, casi no sabía hablar a los 3 años y hasta los 9 no lo hizo con fluidez. Suspendió su primer examen de selectividad. Aprobó las asignaturas de Matemáticas y Ciencias, pero suspendió Historia y Geografía. Algún tiempo después le preguntaron el motivo y su respuesta fue que eran muy aburridas y además no estaba de humor para contestar correctamente.
De vez en cuando paseaba con su violín, tocando melodías de Mozart, y lloraba  al observar los pájaros.
           Decidió dejar de usar calcetines al “descubrir” que el dedo gordo del pie termina siempre haciendo un agujero en ellos.
           Le chiflaban las mujeres, pero cuanto más vulgares, sudorosas y malolientes mejor. Nunca le importó la belleza física, ya que decía que la visión de una bonita jovencita le entristecía al recordarle el breve tiempo que estamos en la Tierra los seres humanos.

Kurt Gödel:

            Este brillante lógico y matemático, colega de Einstein, padecía de delirios persecutorios, hasta tal punto que creía que era perseguido para envenenarlo. Sólo comía lo que le preparaba su esposa, la cual debía probar los platos antes de que él los tocara. Murió de inanición porque su esposa fue ingresada durante un tiempo y mientras no volvió a tomar ningún alimento.

Nikola Tesla:

            Sufría de trastorno obsesivo compulsivo. No podía tocar nada que pudiese estar sucio o tuviese forma redonda; estaba obsesionado por el número 3, daba tres vueltas a los edificios antes de entrar y limpiaba sus cubiertos antes de comer utilizando exactamente 18 servilletas.

Charles Darwin:

Padecía de agorafobia (temor a estar en espacios abiertos), lo que le hacía padecer de alucinaciones, temblores, ansiedad y otras crisis de histeria.

Henry Cavendish:

Los psicólogos harían sus delicias estudiando a Cavendish, uno de los hombres más extraños e insociables de la historia. Vivía con unas cuantas libras esterlinas a la semana, a pesar de ser el principal accionista del Banco de Inglaterra. Su gran riqueza, unida a su noble linaje, hacía de él uno de los solterones más codiciados de la época, pero Cavendish enfermaba al ver a una mujer. Se comunicaba con sus sirvientas por escrito para no verlas, llegando al extremo de mandar construir una escalera en la parte posterior de su casa para entrar y salir sin ser visto por las doncellas de su servidumbre. Era tan excéntrico, tímido e introvertido que no tenía trato cercano con nadie. No contando con los aparatos necesarios para medir la intensidad de corriente eléctrica en sus experiencias, por no encargárselos a otros, medía dicha intensidad consigo mismo según el dolor, más o menos fuerte que le producían las descargas.

Richard P. Feynman:

            Galardonado con el Premio Nobel de Física de 1965, este extravagante e inteligente científico no pronunciaba ninguna palabra a los tres años y tuvo que salir del ejército tras la 2ª Guerra Mundial al ser considerado “deficiente mental”.
            Tenía adicción a los bares de topless. Según relata en su autobiografía, le gustaba ir a estos lugares para relajarse. Pedía un 7-Up y aprovechaba la inspiración para escribir reflexiones y ecuaciones en las servilletas del local.
No le gustaban demasiado los premios, aunque se tratase del Nobel. Entre las tres y las cuatro de la madrugada sonó el teléfono de su casa. “¿Para qué me molestan a estas horas de la madrugada?”. “Pensé que le gustaría saber que ha ganado usted el Premio Nobel!, le dijo un desconocido. “¡Síííí! ¡Pero ahora estaba durmiendo!”
            Enfermó de cáncer, y tras varias operaciones fallidas, decidió no seguir más tratamientos. Murió el 15 de febrero de 1988 tras decir: «No soportaría tener que morir dos veces. Es muy aburrido».

Yoshiro Nakamatsu:

Según el autor de unos 3000 inventos, entre ellos el disquete, la privación de oxígeno estando bajo el agua hace que se le ocurran inventos. Muchas de sus grandes ideas las ha obtenido a punto de ahogarse, a casi medio segundo de la muerte. Cuando le llega una idea, la anota en un dispositivo que funciona bajo agua, y sube nuevamente.

miércoles, 3 de febrero de 2016

Libros verdes

Quizá haya abusado del falso "spoiled" o la publicidad engañosa con el título  de esta columna, atrayéndome el interés de los amantes de la literatura de peripecia erótico-festiva, la cual también tendrá desde luego su espacio en algún momento, pero de lo que hoy se trata es de festejar aquella que, de alguna manera, ha emprendido la cada vez más necesaria batalla en defensa de la Madre Tierra. Libros que han hecho de la Naturaleza su bandera, a contracorriente de un mundo que la maltrata con saña, en una lamentable huida adelante cuyo fin no parece ser otro que su aniquilación definitiva.
Aunque hay algunos ejemplos clásicos, como las Geórgicas de Virgilio, las Odas de Horacio o el mismísimo Tao Te Ching, e incluso algún bello ejemplo escandinavo (La Bendición de la tierra, de Knut Hamsun), parece que ha sido la industrialización del Nuevo Mundo la que ha producido los gritos más desgarrados en favor de la Madre Naturaleza, como la justamente célebre carta del jefe indio Noah Selth, escrita en 1854, en la que espetaba al presidente de los Estados Unidos que no se puede vender el aire ni el color del cielo. Otra brava demostración de que la vida en la sociedad industrial era una nueva forma de esclavismo es la que emprendió el librepensador y apologeta de la desobediencia civil, Henry David Thoreau,  trasladándose a vivir durante casi tres años a una cabaña construida por él mismo a las orillas del lago Walden (en la imagen), y que reflejó en el libro del mismo título, publicado también en 1854, lectura imprescindible para los que creemos que otro mundo es posible.  Como lo es también la delirante sátira hippie La pesca de la trucha en América (1967), un extraño y desconocido libro de un tal Robert Brautigan, una suerte de perdedor profesional, vagabundo y senderista, que plantea  en ella la más surrealista cosmología de la naturaleza norteamericana, llena de fantasía, de psicodelia, de ácido y de rabia contra la moderna sociedad de consumo. Aunque si hay una novela rabiosa contra la industralización y la inmisericorde destrucción del medioambiente, esa es, sin duda, La Banda de la Tenaza, de Edward Abbey, en la que un  grupo de medioambientalistas monta un comando terrorista para boicotear trazados de ferrocarriles, fábricas contaminantes, pozos de petróleo y todas las brutales heridas que cotidianamente se infligen a la naturaleza virgen. Son duros de pelar, un auténtico Equipo A del ecologismo. Joya contracultural de 1975, la obra hace nacer el ecoterrorismo con la naturalidad de una venganza telúrica, y además muy divertida.
También podríamos considerar como "verdes" aquellas obras que han hecho una defensa de la Naturaleza por defecto; esto es: mostrando los inconvenientes de no respetarla. En ese camino ocuparían un lugar de excepción El Mundo Sumergido (1962) de J.G. Ballard, que describe la inundación de la tierra tras el calentamiento global y el deshielo de los casquetes polares, o la excepcional, compleja y muy imitada obra de ciencia-ficción Dune (1965), de Frank Herbert, que se va al año 20.000 para situarnos en un mundo, el de Arrakis, totalmente desértico, en el que toda la tecnología se dedica a la recuperación del agua, convertida en el petróleo del futuro. Quizá no tengamos que esperar tanto.
En español, y salvando las aportaciones de nuestros ascetas Fray Luis de León y Fray Luis de Granada (que escribió un muy prescindible "Canto a la Naturaleza"), ha sido también en la otra orilla donde se han hecho las aportaciones más notables. Libros como Huasipungo, de Jorge Icaza, o la extraordinaria novela El Tungsteno, del poeta peruano César Vallejo, planteaban con pericia cómo la destrucción de la recursos naturales envilecía a los seres humanos hasta cosificarlos en una desnaturalizada sociedad de consumo. El tema ha seguido vivo en aquellos lares y no son pocos los cantautores, de Violeta Parra a Mercedes Sosa, pasando por Silvio Rodríguez, que han puesto su lira al servicio de la Madre Tierra, porque aún estamos a tiempo de salvarla, o si no, al menos de que nos perdone.


martes, 10 de noviembre de 2015

Biblioteca de Rescate 1: Jarrapellejos de Felipe Trigo

101. Exactamente hace 101 años se publicó esta extraordinaria y desconocidísima novela del narrador extremeño Felipe Trigo, un autor que, a la pesada losa del olvido que ha caido sobre él, ha tenido por fuerza que añadir las injustas acusaciones de escritor pornográfico, desaliñado y sin estilo. Y en realidad, lo que le pasó siempre a Trigo es que fue un advenedizo: no pertenecía la "jet set" española del cambio de siglo, no era un rentista ni un intelectual; se ganó la vida como médico en inhóspitas aldeas de la geografía española, atendiendo enfermedades de miseria a familias que no podían pagarle. Fue médico militar en Filipinas, y vivió en plenas carnes el desastre colonial, pero la Generación del 98 no quiso tenerlo entre sus filas, el modernismo tampoco, ni los regionalistas ni los federalistas ni los monárquicos ni los republicanos. No era de los suyos. Trigo venía de fuera, de la periferia; de la periferia geográfica, moral, intelectual y estética. Era un "outsider", y esto ha sido siempre grave delito en este país. De manera que ahí tenemos a Felipe Trigo arrastrado su mala y escasa fama de novelista erótico mientras aquí nos perdemos lo mejor de su obra. Ahí es donde encontramos, precisamente, Jarrapellejos, una obra maestra absoluta que, aunque apareció en las librerías hace 101 años, parece escrita ayer mismo.  
En apariencia, y sólo en apariencia, es la historia de un cacique rural, don Pedro Luis Jarrapellejos, que hace y deshace a su antojo entre el pueblo extremeño de La Joya y Madrid mismo, donde pone y quita diputados en función de los servicios prestados. Pero la novela de Trigo es, desde luego, mucho más que eso, porque pasa en seguida a convertirse en una minuciosa radiografía de la raíz podrida de España: de las desigualdades sociales, de la vergüenza del latifundio, de la miseria consentida y promovida para beneficio de los poderosos, de la envidia como deporte nacional, del prestigio de la incultura, de las puertas giratorias de la política, de la España de la Casta,  de la especulación, del conchabeo entre poderes políticos y económicos, del tráfico de personas, la emigración del hambre, de la Justicia lenta y vendida que nunca condena al poderoso; la España de señoritos y toreros, de la represión sexual, del machismo, del maltrato animal, de la iglesia pederasta y amancebada, inclemente y sostén de las clases ricas, la España hipócrita de las costumbres bárbaras y las tradiciones que aletargan, la del nacionalismo zumbón, la que vegeta inerte como un poblachón fantasma: el furgón de cola de Europa. 
Y lo más curioso de todo es que, en la hábil e inteligente mirada de Felipe Trigo, no son mucho mejores que don Pedro Luis Jarrapellejos todos los demás, los que, con su moral de rebaño, aceptan sus limosnas a cambio de callar, los que se dejan comprar sin esfuerzo, los que consideran más incómoda la libertad que el sometimiento, los dóciles, los adocenados, los que le ofrecen sin tapujos la virginidad de sus hijas a cambio de un empleo...  De hecho, quizá, Jarrapellejos sea el mejor, el verdadero héroe, sibilino y déspota pero seductor, el flautista de Hamelin, porque sin él los demás no existen, sin él los demás son incapaces de existir.
Con estas mimbres, nos viene a decir, al final de la novela, Juan Cidoncha, el maestro del pueblo, no es posible ni hacer la revolución ni cambiar nada.  
Jarrapellejos es la obra maestra olvidada de la literatura española. Y el caso es que, mientras Azorín o Baroja, plumas insignes de la generación que no quiso tener a Trigo entre ellos, han envejecido fatal, Jarrapellejos es hoy una novela de plena actualidad, sobre el más rabioso presente y las mil y una asignaturas pendientes de este país de todos los demonios. Y además se nos cuenta sin pelos en la lengua, con ese desaliño que atribuyen a su autor y que en realidad es expresionismo furioso, el estilo de la rabia y de la idea. Jarrapellejos no es sólo una suerte de La Regenta deslenguada y con más mala leche, o un Galdós "underground", desmedido y salvaje. Es que Tirano Banderas, de Valle-Inclán, La familia de Pascual Duarte, de Cela, o Crematorio de Chirbes están ya ahí.
 
P.D. La obra fue adaptada al cine por Antonio Giménez Rico en 1988 y, aunque se deja ver, no sostiene en absoluto el arrebatado y demoledor lenguaje en el que fue escrita. Antonio Ferrandis (sí, sí, chanquete!!) hace lo que puede con la compleja personalidad de Pedro Luis Jarrapellejos,  Aitana Sánchez Gijón está algo sobreactuada como Isabel, la "fornarina", pero sin embargo Juan Diego está soberbio bordando el papel del señorito Saturnino.                                                                                P.D. 2  Desde hoy ya tienes Jarrapellejos en tu biblioteca.... y esperemos que en tu vida.             
                              
 
 


jueves, 29 de octubre de 2015

Talleres en la Biblioteca



En breve va a cerrarse el plazo de inscripción en los Talleres de la Biblioteca para este curso 2015-2016. Nuevamente por tanto la Biblioteca se convertirá en el epicentro del más apasionante ciclón de ideas y creatividad que pueda darse por estos pagos. Los hay de creación literaria y artística, de confección de "Ex Libris", del noble arte del ajedrez, de teatro, de arte, o de las siempre sorprendentes relaciones entre arte y naturaleza. No te los pierdas. Si lo haces puede que te estés arrepintiendo todo el curso. La comunidad arjeica al completo está invitada.

lunes, 26 de octubre de 2015

Biblioteca del rescate

Ahora que parece que la Memoria Histórica llegará a las aulas andaluzas, quizá sea buen momento de empezar, siquiera modestamente, una pequeña biblioteca del rescate con aquellos autores víctimas de la desmemoria. Autores con los que el olvido se ha empecinado de manera cruel y a los que convendría sacar del oscuro pozo en el que mezquinos intereses los han ido sumiendo. Nosotros, con humildad, aportaremos nuestro granito de arena en esa tarea de Sísifo, por cuanto es muy difícil hacer que se lea a alguien que no conviene, creadores a los que los manuales de literatura condenaron al destierro por razones extraliterarias y a los que convendría rehabilitar. Felipe Trigo, José Díaz Fernández, César M. Arconada, Arturo Serrano Plaja, Luisa Álvarez de Toledo, Antonio Ferres, Alfonso Grosso... fueron perdedores en la cainita lucha de las dos Españas, una de las cuales, como decía Machado, les heló el corazón. En algunos casos fueron perdedores del regeneracionismo, en otros de la Guerra Civil, en todos fueron perdedores de la historia de la literatura que los olvidó, espero que no para siempre.
Paralelamente a la construcción de una biblioteca de rescate con los más significativos volúmenes de estos autores injustamente olvidados, publicaremos en esta Torre, en la sección "La Biblioteca de Babel", reseñas de cada título (en algunos casos francamente difíciles de conseguir) y abriremos foros de debate y clubs de lectura, para que al menos en este modesto rincón del mundo que es el IES Arjé esta injusticia sea reparada.

P.D. Ilustra este post una instantánea del gran narrador extremeño Felipe Trigo, víctima lamentable  de un injusto olvido y con cuya novela Jarrapellejos iniciaremos en breve la Biblioteca.

domingo, 1 de marzo de 2015

ANÉCDOTAS DE CIENTÍFICOS



Los científicos no tienen por que ser gente seria. Se pasan la mayor parte de su vida encerrados en un laboratorio o utilizando fórmulas y ecuaciones ininteligibles para los profanos, pero muchos de ellos han sido protagonistas de curiosas anécdotas. Mirando en muchos libros y en internet podemos hacer una buena recopilación de ellas. Veamos algunas de grandes científicos, empezando por varias del gran Albert Einstein:

Einstein y Charlot
Einstein con Charlot

Einstein se encontró en una fiesta con Charlot y le dijo: “Lo que admiro en usted es que su arte es universal, todo el mundo lo comprende”.
Charlot le respondió: “Lo suyo es mucho más digno de elogio: todo el mundo lo admira y prácticamente nadie lo comprende”.

Einstein y Marilyn Monroe

En otra de las innumerables fiestas de la época Albert Einstein se encontró con Marilyn Monroe. Se dice que ella, que no encontró tema de conversación al situarse frente a él, decidió proponerle matrimonio: “Que dice profesor. Deberíamos casarnos y tener un hijo juntos. ¿Se imagina un bebe con mi belleza y su inteligencia?”.
Einstein le contesto: “Desafortunadamente temo que el experimento salga a la inversa y terminemos con un hijo con mi belleza y su inteligencia”.

Einstein y el examen

De la etapa de Einstein como profesor se cuenta que al final de un examen un alumno se le acercó y le comentó sorprendido: “¡Las preguntas del examen de este año son las mismas que las del año pasado!”. Einstein le contestó: “Sí, pero este año las respuestas son totalmente diferentes".

Einstein y su chófer

Cuando Einstein empezó a ser conocido por su teoría de la relatividad, era solicitado con bastante frecuencia por distintas universidades para dar conferencias. Por aquel entonces, segunda década del siglo XX, pocos medios existían para conocer la apariencia de alguien si no se le conocía en persona. Así que pocos podían reconocer al gran científico. No le gustaba conducir, por lo que contrató los servicios de un chófer para desplazarse a dar sus conferencias en automóvil. Después de varias conferencias, y comentándole Einstein al chófer durante un viaje lo aburrido de repetir una y otra vez lo mismo, este le dijo: “Si quiere, le puedo sustituir en la próxima. He oído su conferencia tantas veces que la puedo recitar palabra por palabra”. Además los dos estaban de acuerdo en que sería fácil responder a las preguntas finales ya que también se repetían continuamente. Antes de llegar al destino se intercambiaron sus ropas y Einstein se puso al volante. Llegaron a la sala donde se iba a celebrar la conferencia y como ninguno de los académicos presentes conocía a Einstein, no se descubrió el engaño. El chófer expuso perfectamente la conferencia mientras Einstein le oía sentado detrás de su auditorio. Al acabar, uno de los presentes hizo una pregunta que el chófer había escuchado por primera vez. En un golpe de inspiración, contestó: “La pregunta que me hace es tan sencilla que dejaré que mi chofer, que se encuentra al final de la sala, se la responda".

Einstein y la tercera guerra mundial

En cierta ocasión se le preguntó a Einstein qué armas se emplearían en la tercera guerra mundial. Sabiamente, respondió: “No lo sé, pero en la cuarta se usarán palos y piedras”.

Newton en el parlamento

Newton, tras ser elegido miembro del parlamento británico, acudía siempre a su puesto, pero nunca intervenía. En cierta ocasión se levantó durante una sesión. Se hizo un gran silencio para escuchar sus palabras, pero todo lo que Newton hizo fue pedir que cerrasen una ventana, que había mucha corriente.

Dirichlet y su telegrama

A este matemático del siglo XIX no le gustaba escribir cartas. Se dice que una de las pocas veces que escribió una misiva fue al nacer su primer hijo. Envió un telegrama a su suegro con el siguiente mensaje: 2 + 1 = 3.

Rowland y su poca humildad

Henry Augustus Rowland fue un físico estadounidense famoso por sus estudios sobre la corriente eléctrica y las propiedades magnéticas, y también por su falta de humildad. Cierto abogado le preguntó una vez quién era el mejor físico estadounidense vivo, contestándole: “Soy yo”. Cuando un tiempo después se le preguntó sobre su falta de humildad en esa respuesta, contestó: “No pude evitarlo, estaba bajo juramento”.

Cavendish y la electricidad

Al no contar con los instrumentos adecuados de medida en sus investigaciones de electricidad, se sometía directamente a la corriente eléctrica, calculando su intensidad por el dolor.

Dirac y su lógica

El físico británico Paul Dirac se dejaba llevar por la lógica hasta sus extremos. En cierta ocasión, cuando finalizaba una de sus clases en la Universidad de Toronto, se dirigió a sus alumnos indicándoles que si tenían alguna pregunta. Un alumno le dijo: “Profesor, no entiendo el desarrollo de la fórmula de la parte superior izquierda,..”. Dirac contestó: “Eso no es una pregunta, es una afirmación. Siguiente pregunta,…”

Bohr y las medallas de oro

Este físico danés, antes de abandonar su ciudad natal perseguido por los nazis, disolvió en agua regia (una mezcla de ácido nítrico y clorhídrico) las medallas de oro concedidas con el Premio Nobel que le habían confiado sus colegas Max von Laue y James Franck. El metal fundido lo escondió en una botella de su laboratorio de Copenhague. Cuando acabó la guerra, Bohr mandó el oro a la Academia Sueca, donde volvieron a  refundir las medallas.

Landau y Lysenko

Denisovich Lysenko, fundador del llamado darwinismo creativo, daba una conferencia en Rusia sobre la herencia de los rasgos adquiridos en la Academia de las Ciencias. Al acabar, el físico Lev Landau le preguntó: “¿Así pues, usted argumenta que si cortamos una oreja a una vaca, a su descendencia y así sucesivamente, tarde o temprano nacerán vacas desorejadas?”. Lysenko respondió: “Sí, es correcto”. Landau volvió a preguntarle: “Entonces señor Lysenko, ¿cómo me explica que sigan naciendo vírgenes?”.

miércoles, 7 de enero de 2015

El mapa de la utopía

Pietr Mondrian: Duna en Zelanda (1910)
Ahora que da comienzo un nuevo año y, con él, los propósitos de enmienda, los buenos sentimientos y la aspiración a cambiar definitivamente nuestras vidas, convendría recordar siquiera por protocolo aquellos estimulantes sueños literarios que propusieron, como diría Silvio Rodríguez, virar esta tierra de una vez. Espacios imaginarios que aspiraban honradamente a pasar del negro sobre blanco de la página de un libro para pintar el universo de colores menos grises que los que proponía la grosera y mendaz sociedad capitalista: mejorar la vida de todos, y no sólo de unos pocos. Pequeñas pero sorprendentes arcadias que la historia suele despachar sin más como utopías, sin percibir que la más hermosa literatura consiste precisamente en eso: fabricar mundos que nunca podremos habitar pero nos encantaría.
Indiscutiblemente la primera de esta escuela (1516) fue la que suele dar nombre al conjunto, y en realidad una muy desabrida historia en la que Thomas Moore -aquí lo hemos venido colegueando como Tomás Moro-  tiraba de Platón a reventar para plantear su ficticia república de bienes comunales y voto popular. No obstante, la más hermosa de la utopías del renacimiento es Ciudad de Sol del heterodoxo dominico italiano Tomasso Campanella, protagonista de herejías varias, y que además de abogar por la colectivización, que es lo que 'demanda natura', y la extirpación del provecho privado ('certitudo est comunitatis non particularitatis') hace interesantes observaciones sobre educación, control de natalidad y hasta diseño urbanístico, y eso sin contar que, para él, los peores vicios los estaba trayendo a Europa el Nuevo Mundo americano, con su vilezas y egoísmos ("el Nuevo Mundo ha perdido al Viejo: sembró la avaricia en nuestras mentes"), y eso que el no pudo ver la apoteosis del 'american way of life'. Publicada en latín en 1623 es una pequeña joya de la conjura que merece la pena recuperar.
No obstante, ha sido sin duda la aversión a la revolución industrial inglesa la que más piezas utópicas ha generado. Una que merece mucho la pena es Erewhon (1872) de Samuel Butler, que algunos pudimos leer en la contracultural edición que la revista Star publicó en Barcelona en los setenta. Plateada como un viaje imaginario más allá de las montañas, el valle de Erewhon es todo un mundo al revés donde sus habitantes han ganado la batalla a las máquinas que esclavizan al hombre. Ja ja: más de un siglo antes del ´smartphone'. Por cierto que Erewhon es un anagrama de las palabras "Here" y "Now". Aquí y ahora justamente.
De la muy marcial y literariamente mediocre El año 2000 , publicada por Edward Bellamy en 1888, interesan sobre todo dos cosas: que tuvo un éxito descomunal en su día y que preconizaba ya sin tapujos el comunismo de Estado, donde no existe la empresa privada, todos cobran por igual, la jornada laboral es más reducida cuanto más penoso sea el trabajo, ¡y la jubilación es a los 45 años! Muy a la  norteamericana, Bellamy puebla su novela de inventos y gadches tecnológicos, como la ¡tarjeta de crédito!, la música y la imagen a domicilio (¿internet?), curiosamente asociados a un futuro sin propiedad privada que Bellamy expresa bellamente en la idea de un toldo impermeable gigantesco que cubre cuando llueve las cabezas de toda la población, en lugar de la infinidad de paraguas individuales del pasado, que protegen a una sola persona mientras gotean sin misericordia sobre el que tienen al lado.
El ciclo lo cerraría en 1890 Noticias de Ninguna Parte de William Morris, poeta, artesano del papel, diseñador y pintor de la Hermandad Pre-rafaelita, junto con otros artistas como Dante Gabriel Rossetti, Chales Leighton o Lawrence Alma-Tadema, convencidos de cuánto se había empocilgado el mundo desde el Renacimiento (esto es: desde Rafael) a esta parte, con sus mezquindades materialistas y los mil y un becerros de oro de la sociedad del consumo y del despilfarro.  Concebida como respuesta directa al comunismo jerarquizado y casi castrense de El año 2000, Noticias de Ninguna Parte se presentaba con un freco aire libertario: los habitantes de Ninguna Parte hacían, literalmente, lo que les daba la gana, sin presiones ni obligaciones laborales, si estres ni penurias económicas, bajo la sencilla fórmula de desterrar de la sociedad el tiempo y el dinero. Un pequeño y primitivo paraíso arcádico a la medida del hombre, sin meglópolis ni megalomanías. La sociedad, en pequeñas comunidades que intercambiaban bienes y servicios, no se organizaba bajo criterios de rentabilidad sino de belleza y de necesidad (¿es realmente necesario para la humanidad el cuchillo eléctrico, el Blu-Ray, el Audi Q7 o el Samsung Galaxy?). Una sociedad, en definitiva, a escala humana, para los seres humanos, que hiciera la vida más fácil y que no la envolviera en complejas decisiones, miedos, envidias e insatisfacción perpetua para vender más.
La posterior secuencia de acontecimientos, con imperios coloniales, fascismos, el stalinismo y sus purgas, guerras de clase, guerras mundiales y de geopolítica, con sus bombas atómicas y su napalm, la escalada armamentística, la guerra energética, el desprecio al medio ambiente, etc... nos convencerían de que esta humanidad no se merece una buena utopía. Por eso lo más propio del S.XX han sido las distopías, las visiones apocalípticas de lo por venir, del sobrecontrol del Gran Hermano (1984, Orwell) al calentamiento global (El Mundo Sumergido, la Sequía, ambas de J.G. Ballard), pasando por el idílico nuevo mundo sin sentimientos (Un Mundo Feliz, Huxley). Mundos más bien de pesadilla donde nos aterraría vivir y que, no obstante, se nos parecen tanto a este 'hac valle lacrimarum'.

miércoles, 15 de octubre de 2014

Silvera en el Arjé



Como lo prometido es deuda dejamos aquí a los más ávidos merodeadores de la Torre y también a los visitantes ocasionales de sus mazmorras, la entrevista que hicieron al narrador onubense Francisco Silvera nuestras ex-compañeras de 2º de Bachillerato  Claudia Fernández y Lidia Hita (hoy inocentes descubridoras de los ignotos territorios universitarios). El escritor visitó nuestro IES el pasado 7 de Mayo generando estupor y entusiasmo a partes iguales entre los bachilleres de la comunidad arjeica. La entrevista apareció originalmente en el número 3 de Arjé Magazine, la hipercalifragilística revista del Instituto, que sale cada mes de Junio.
 
Francisco Silvera (Huelva, 1969), licenciado en Filosofía y gran amante de la música popular y clásica, combina con  habilidad de prestidigitador sus dotes de promotor musical y crítico literario. Fue director del Festival Internacional de Música de Ayamonte y actualmente es asesor en cuestiones musicales de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, pero también organiza los actos de conmemoracióndel Cincuentenario de la concesión del Premio Nobel de Literatura a Juan Ramón Jiménez,  autor  sobre el que ha publicado tres ensayos: Copérnico y JRJ: crisis de un paradigma (2008), El materialismo en Juan Ramón Jiménez (2010) y JRJ en el Archivo histórico Nacional: Monumento de amor, ornato y ellos (2012),  además de co-dirigir la edición de Obras Completas del poeta de Moguer que prepara la editorial Visor en 48 volúmenes. Es autor de los libros de relatos Las apoteosis (2000), Libro de las taxidermias (2002) y Libro de los humores (2005), además de las novelas Libro del ensoñamiento (2007) y Álbum Blanco (2011). Su último libro, aún caliente, es Tenebrario: libro de las lamentaciones, un conjunto de poemas en prosa publicado a finales de 2013. 


Como escritor será a su vez un apasionado de la Literatura ¿por qué decidió estudiar filosofía?

En mi caso fue al revés. Provengo de una familia profundamente iletrada, pero me pusieron a estudiar con curas y gente-bien, los contrastes me despertaron muchas ideas y al llegar a la asignatura de Filosofía vi que antes otras gentes habían intentado dilucidar lo mismo... Vi clara mi vocación, quería leer esos libros y explicarlos en clase a gente joven... Pero yo quería capturar en los textos la realidad y la novela o el cuento me parecían conservar mejor lo que el mundo era. Yo hago Literatura porque me parece la verdadera Filosofía. Hay más pensamiento en un buen cuento, poema o novela que en muchos ensayos pretenciosos y llenos de citas culturalistas que, a veces, son un insulto o una pedantería para quien no las conoce. El lenguaje de la Filosofía casi siempre me parece artificioso, un poco falso. La novela siempre se deja.

¿Qué puntos en común y qué diferencias destaca entre un texto filosófico y una narración?

Creo que la Filosofía... prefiero hablar de Ensayo, el Ensayo me gusta si no es didáctico, si es el flujo de la conciencia, o sea, que no necesite apoyarse en un aparataje teórico, que me muestre un pensamiento cultivado pero no me obligue a leer otras cosas para poder descifrar lo que me dice... desconfío de esos autores tan preparados, tan cultos, ésos que siempre parecen haber leído todo y después no dejan estela y mueren con la moda... La vida es mi referencia, el libro por sí sólo es la negación de la Naturaleza, la muerte de la emoción, no lo quiero... a no ser que me ayude a vivir más intensamente. Ahí es donde coinciden Ensayo y Narración, en la habilidad para recrear la Belleza del mundo. En el fondo es una manera de prolongar el placer de un atardecer, una amistad, una experiencia a partir de palabras... una especie de Arte Alquímico que convierte en real lo que toca. Sólo unos cuantos elegidos lo consiguen.

¿Desde joven ha tenido ese gran interés y afición por la música y de dónde le viene?

Desde que tengo consciencia de mi vida me gustó la música. No lo sé. Parece que unos tests que me hicieron dieron un resultado anómalo en "memoria auditiva", disfruto con los sonidos como otros pueden hacerlo con los colores: me emocionan. Poco a poco salí del flamenco y la morralla televisiva, contexto natural de mi ambiente, y comencé a oír Rock, y de ahí al Jazz y la Música Clásica. La Clásica me apasiona porque es una compleja elaboración intelectual con Historia detrás, uno comienza a entenderla después de mucho tiempo; es música culta, requiere que el compositor sea consciente de su posición en la Historia; la popular, el Rock, me apasiona porque es inmediato (aunque sea muy elaborado) y emociona

¿Ha tenido alguna profesión relacionada con el género musical?

Sí. Fui Director de un Festival de Música Clásica dos años, hasta que me echaron sin avisar. He sido asesor de música de la Consejería de Cultura de la JJAA. Y el año pasado, en la UIMP en Valencia di, excepcionalmente y sin mucho público, un pequeño concierto de guitarra eléctrica tras una conferencia sobre Rock y Arte. Escribo en la revista MásJazz.

¿Qué le inspiró a crear un blog para mostrar sus piezas musicales? ¿Le ha dedicado mucho tiempo?

No lo que me gustaría. Pregunta interesante. Soy consciente de que soy un músico malo, no profesional. Pero Internet permite, sin compromisos ni inversiones económicas, mantener una actividad de músico "amateur", aficionado, y así me quito la frustración vocacional de no haber sido músico, que es lo que querría de verdad. Es sólo para entretener a un "viajero" aburrido o a una "navegante" relajada.
 
 

Dentro del género narrativo ¿qué opinión le merecen los microrrelatos?

No creo en ellos, me falta fe. Me explico. Yo creo que la prosa viene determinada por la intención del autor. Plantearse hacer microrrelatos es como querer hacer películas de Stanley Kubrick, ya las hizo él. Cada escritor debe inventar todo de nuevo (partiendo de todo lo que se puede estudiar). En mi caso, la prosa corta se me da bien porque no necesito más. Mis libros no son voluminosos. No me salen. Pero no tengo una voluntad de escribir "corto". No creo en los géneros, aunque sirven para clasificar, sin duda.

¿En qué se inspira para escribir? ¿cuál fue su primera obra?

Lo primero un poco más elaborado que hice fue una imitación de James Joyce que era una mierda. Un profesor me lo dijo. Después empecé a hacer relatos  supongo que también malos. Recuerdo otra especie de novela experimental, no sé si conocéis a Samuel Beckett... La cosa es que yo empecé a leer al revés, primero lo difícil y por eso empecé a escribir muy raro, pseudovanguardista". Seguí escribiendo a ráfagas y en torno a los 30 años, tras la coincidencia de algunas amistades, decidí preparar un libro que se publicó: Las apoteosis o el Acabóse de las almas anónimas, y gustó a mucha gente (conocida mía, nada más). Agradezco haber empezado tan tarde porque, como no soy un genio, así pude construir lentamente un estilo personal... Me inspiran la música, el paisaje y las personas, casi nunca tengo elaborado nada de antemano, veo algo y me viene la idea; una música oportuna o un color de cielo me pueden dar el contexto para arrancar. No soy un novelista por eso. Trabajo en corto y con la emoción, con mucha elaboración, en realidad quiero pensar que como un poeta...

¿Qué características principales presentan sus microrrelatos y qué trata de transmitir a los lectores con ellos?

Eso que he llamado un estilo personal... Dicen que soy difícil, yo creo que exijo del lector participación, pero es que me parece que si no es así no hay Literatura de verdad. Yo no creo que leamos textos: ¡nos leemos a nosotros mismos en los textos! Por eso hay quien se aburre con los libros, porque no tiene nada que encontrar; pero quien indaga y se pregunta por las cosas, poco a poco va encontrando lo que otros han respondido a esas preguntas, las va cambiando y empieza un proceso de enriquecimiento sin el que ya no se puede vivir, el veneno de la Cultura. Es un error querer hacer ver a una alumna lo bueno que es el disco Kid A de Radiohead, hay que estimularla para que encuentre interesante empezar a oírlo y descubrir cosas por ella misma. No hay maestros, hay gente ejemplar que nos empuja con su ejemplo a salir de la tradición heredada; lo popular se hereda, lo culto se elige o se construye. Lo que yo quiero hacer con mi letras es emocionar hasta que el lector reviva lo narrado y eso le como experiencia de su vida... no se consigue como uno quisiera. Yo he disfrutado mucho leyendo, es agradecimiento, devolver parte de lo que me he quedado.

¿Cuál es su mayor satisfacción como escritor?

Hace poco unas muchachas en un pueblo de Huelva se me echaron a llorar y no me dejaban irme del acto, me querían preguntar cosas... Reconozco que me siento muy a gusto entre jóvenes porque adoro esa inexperiencia que nos hace imprudentes y  vitales. El viejo medita egoístamente y se engaña como si fuera a vivir para siempre. Es curioso que el joven, en teoría con más tiempo por delante, apura el vaso de la vida como si le faltara; el viejo se afana en nada, porque la muerte te barre completamente. A veces he encontrado por Internet buenas críticas o comentarios privados de algún libro mío por azar... me encanta. Hay algo de enfermo en el literato, buscamos cariño, y la admiración por un texto es un buen sustituto. Sólo aspiro a poder publicar lo que quiero. Lo demás me llega a angustiar. Publicar y saber que alguien me lee, suficiente.

 

 

 

jueves, 21 de agosto de 2014

La guerra de las salamandras de Karel Capek

Dos delitos condenaron a Karel Capek al oscuro pozo del olvido: escribir obras de ciencia-ficción y hacerlo además en checo. Un género desprestigiado, juvenil, pulp para frikis y una lengua minoritaria, vestigio de la vieja Europa y de la que sus compatriotas huían como de la peste (Kafka, por ejemplo, el checo más célebre, no escribió ni una linea en checo: prefirió el alemán hasta para su diario). Y el resultado es que Capek, uno de los más grandes escritores del S.XX, sigue siendo una rareza, un autor de culto, que sólo unos pocos elegidos han tenido la oportunidad de leer. Con esta entrada pretendemos reparar un poco este desaguisado, al menos para los frecuentadores de la Biblioteca del IES Arjé.
Aunque R.U.R., apocalíptica obra teatral sobre robots rebeldes (Capek fue el primero en usar la palabra 'robot', que en checo significa 'trabajo'), o La fábrica de lo absoluto, sean títulos que merece la pena conocer, La Guerra de las Salamandras es, sin duda, la obra maestra de Capek, la más grande sátira de la civilización occidental que se haya escrito jamás y un clásico del S.XX.
Con el descubrimiento cerca de Sumatra de una extraña variedad de anfibio bípedo y de cierta inteligencia, La Guerra de la salamandras comienza al más puro estilo Lovecraft para concluir en una descacharrante sátira de la civilización a medio camino entre Rabelais, J.G. Ballard, Oscar Wilde y Adam Smith, con su poco de odisea kafkiana sobre la burocracia institucional y hasta un si es no es de Kierkegaard, Nietzsche y hasta el efecto mariposa.
Centrada en la sempiterna capacidad del ser humano para autodestruirse hasta la aniquilación, lo curioso es que, bien lejos de ser una gris distopía apocalíptica de las que hubo y habrá tantas (La Guerra de los mundos, Un mundo feliz, 1984, El mundo sumergido...), con la novela de Capek te partes la caja todo el tiempo. Su fina ironía y el humor tremendo que destilan sus páginas hacen de La Guerra de las Salamandras a la ciencia-ficción lo que don Quijote de la Mancha es a la novela de caballerías, y como Cervantes trasciende además con mucho los límites del género hasta ser una reflexión, llena de humor negro, sobre el porvenir de la humanidad. Hasta el acto mismo de escribir está parodiado en su "nivolesco" final. Como en Don Quijote, otra novela de mucha retranca y cuyo humor es algo así como una defensa contra las ofensas de la vida.
Y así paso a paso, carcajada a carcajada, Capek te va desvelando la estupidez profunda de eso que llamamos jactanciosamente la civilización, y llega un momento ya en que, entre risas, no puedes dejar de repetir, golpeándote la sien como un nuevo Obelix: ¡están locos estos humanos! Y es que Capek ahonda en los absurdos de la sociedad contemporánea con una viveza extraordinaria y no deja títere con cabeza: los totalitarismos, la carrera armamentística, el colonialismo económico, la beatería, las instituciones supranacionales, la panoplia patriótica, la genética, la tecnología, la cooperación internacional... todos los credos que han movido el siglo XX... todo es parodiado sin rubor en La Guerra de las Salamandras que, para sorpresa mayúscula, fue escrita ¡en 1936! cuando aún estaba muy lejos la II Guerra Mundial, la Guerra Fría o la descolonización que, de algún modo, están aquí anticipadas de manera cristalina.
No queremos adelantar nada más de su argumento para que el descubrimiento de esta joya sea realmente absoluto, sólo advertir de su tremendo dominio de los recursos de vanguardia (vanguardia que también resulta escaldada en la misma novela) y de la increíble, fascinante o, si queremos, terrorífica actualidad de la novela. Resulta que La Guerra de las Salamandras no tiene edad: está sucediendo ahora mismo.
Y ya: el último delito a añadir a los dos mencionados al principio: la novela que comentamos hoy está al alcance de cualquiera; no es de esas obras complejas y a menudo incomprensibles que tanto suelen gustar a los críticos. Es asequible. Juvenil, diría alguno (como si la complejidad fuera privativa de la madurez).  Y lo que ocurre en realidad es que La Guerra de las Salamandras hace fácil lo difícil, y pone con claridad al alcance de los lectores las reflexiones más profundas sobre qué somos, de dónde venimos y, sobre todo, adónde vamos. Como sólo saben hacerlo las verdaderas obras maestras.

domingo, 16 de marzo de 2014

Premios Ig Nobel



El galardón de los premiados en 2013
Todos los años, desde 1991, a principios de octubre, la revista estadounidense de humor científico Annals of Improbable Research (Anales de Investigaciones Improbables) hace entrega, en la prestigiosa Universidad de Harvard, de los Premios Ig Nobel, una parodia de los famosos Premios Nobel. Los ganadores de las diez categorías deben cumplir con el principal requisito a evaluar: hacer reír, así como hacer pensar, aportar innovación y fomentar la investigación. Se suelen premiar investigaciones o demostraciones que a primera vista parecen inútiles o absurdas, pero que, como los organizadores indican, pueden atraer a aquellas personas que no les interesa la ciencia, porque la consideran compleja o aburrida, y ven que los científicos galardonados son también seres humanos con sentido del humor.
El nombre de los premios proviene de un juego con la palabra inglesa ignoble (innoble en castellano), que se pronuncia igual que Ig Nobel, y el nombre Nobel, por Alfred Nobel.
En la ceremonia de entrega, cada uno de los diez premios es presentado por un premio Nobel real. Muchos de los “afortunados ganadores” recogen su premio en persona y dan un pequeño discurso, riéndose de sí mismos. Si el discurso dura demasiado, ¡más de un minuto!, se escucha repetidamente una niña, Miss Sweety Poo, que con voz aguda grita: "Por favor, terminen. Estoy aburrida". Además, hasta 2006 era tradición lanzar aviones de papel al escenario mientras se entregaban los premios. A partir de dicho año se prohibieron los lanzamientos por motivos de seguridad. En muchas de las ceremonias, los delegados del Museo del Mal Arte, de Massachusetts, han exhibido algunas piezas de su colección, mostrando que el arte malo y la mala ciencia van de la mano. Incluso, a veces, aparecen “algunos grupos especiales de personas” en el pasillo del teatro donde se entregan los premios. Como en 1997, cuando un equipo de "investigadores sexuales criogénicos" distribuyó un folleto titulado "Sexo Seguro a Cuatro Kelvin".

Los “últimos afortunados”, premiados en la ceremonia de 2013, han sido:
·  Premio de Medicina: Masateru Uchiyama, Gi Zhang, Toshihito Hirai, Atsushi Amano, Hisashi Hashuda, Xiangyuan Jin y Masanori Niimi, de la Universidad Teikyo, universidad privada de Tokio (Japón); por encontrar que los ratones sobreviven por más tiempo tras un transplante de corazón si escuchan ópera.
Los premiados en la sección de Medicina dan su discurso en la gala de 2013
· Premio de Psicología: Laurent Bègue, Oulmann Zerhouni, Baptiste Subra, Medhi Ourabah y Brad Bushman; por un trabajo en el Bristish Journal of Psychology donde demuestran que la gente que cree estar borracha también cree que es más atractiva.
·  Premio de Biología y Astronomía: Marie Dacke, Emily Baird, Eric Warrant, Marcus Byrne y Clarke Scholtz, de la Universidad de Lund en Suecia; por descubrir que cuando los escarabajos peloteros se pierden, pueden encontrar su camino de vuelta a casa utilizando la Vía Láctea.
· Premio a la Seguridad en Ingeniería: Gustano Pizzo, de EEUU; por inventar un sistema electromecánico para detener y capturar a secuestradores aéreos utilizando una puerta-trampa para desalojarlo del avión mientras va volando, arrojándolo con un paracaídas mientras alerta a la policía para que lo esperen cuando aterrice.
· Premio de Física: Alberto Minetti, Yuri Ivanenko, Germana Cappellini, Francesco lacquaniti y Nadia Dominici, de la Universidad de Milán (Italia); por descubrir que algunas personas son físicamente capaces de correr a través de la superficie de una charca si se encuentran en la Luna.
· Premio de Química: Shinsuke Imai, Nobuaki Tsuge, Muneaki Tomotake, Yoshiaki Nagatome, Hidehiko Kumgai y Toshiyuki Nagata, de Japón; por descubrir que el proceso bioquímico por el que las cebollas hacen llorar a la gente es más complejo de lo que se pensaba.
·   Premio de Arqueología: Brian Crandall (EEUU) y Peter Stahl (Canadá); por hervir musarañas muertas y tragarlas sin masticar, para comprobar posteriormente sus deposiciones de forma minuciosa en los días siguientes y comprobar que huesos se habían disuelto debido al sistema digestivo humano.
· Premio de la Paz: Alexander Lukashenko, el presidente de Bielorrusia, por hacer ilegal el acto de aplaudir en público, y la Policía Bielorrusa, por arrestar a un hombre manco por aplaudir.
·  Premio de Probabilidades: Bert Tolkamp, Marie Haskell y Fritha Langford. David Roberts y Colin Morgan, de Reino Unido; por realizar dos descubrimientos relacionados: Los primeros encontraron que mientras más tiempo una vaca pasa echada, es más probable que se levante; y los segundos encontraron que una vez que una vaca se levanta, es difícil predecir cuando se acostará de nuevo.
· Premio a la Salud Pública: Kasian Bhanganada, Tu Chayavatana, Chumporn Pongnumkul, Anunt Tonmukayakul, Piyasakol Sakolsatayadorn, Krit Komaratal, y Henry Wilde; por el informe "Tratamientos quirúrgicos para la epidemia de amputaciones de pene en Siam”, en el que se indican técnicas médicas para injertos de pene tras amputaciones (usualmente por esposas celosas), recomendadas para todos los casos excepto cuando el pene amputado ha sido parcialmente comido por un pato.

Entre los premios más curiosos de otros años podemos destacar:
·  Anders Barheim y Hogne Sandvik, de la Universidad de Bergen (Noruega), por su artículo “Efecto de la cerveza, el ajo y la nata agria sobre el apetito de las sanguijuelas” (Biología, 1996).
· Bernard Vonnegut, de la Universidad Estatal de Nueva York en Albany, por su informe “Gallinas desplumadas como medida de la velocidad de los tornados” (Meteorología, 1997).
· E. Topol y sus 975 coautores por “Un ensayo internacional aleatorio que compara cuatro estrategias trombolíticas para el infarto de miocardio agudo” (New England Journal of Medicine), un artículo que tenía cien veces más autores que páginas (Literatura, 1993).
·  Elena N. Bodnar, Raphael C. Lee, y Sandra Marijan de Chicago, Illinois, Estados Unidos, por inventar un sujetador que, en caso de emergencia, puede convertirse rápidamente en un par de máscaras de gas, una para la portadora del sujetador, y otra para alguien próximo a ella (Salud Pública, 2009). Por cierto, se ha comercializado, según podemos comprobar en la página http://ebbra.com.
Elena N. Bodnar nos muestra su invento

· Fumiaki Taguchi, Song Guofu, y Zhang Guanglei de la Kitasato University Graduate School of Medical Sciences en Sagamihara, Japón, por demostrar que la masa de los residuos de cocina puede reducirse en más de un 90% utilizando bacterias extraídas de las heces de pandas gigantes (Biología, 2009).
· Dorian Raymer, de la Iniciativa de Observatorios de Océanos de la Institución Scripps de Oceanografía, EEUU, y Douglas Smith, de la Universidad de California, San Diego, EEUU, por demostrar matemáticamente que montones de cuerda o cabellos, o de casi cualquier otra cosa, inevitablemente se terminan enmarañando y formando nudos, algo que comprobamos a diario (Física, 2008).
·  Magnus Whalberg de la Universidad de Aarhus, Dinamarca, y Hakan Westerberg del Consejo Nacional de Industrias Pesqueras de Suecia, Ben Wilson de la Universidad de Columbia Británica, Lawrence Dill de la Universidad Simon Fraser, Canadá, Robert Batty de la Asociación Escocesa para la Ciencia Marina, por sus estudios "Sonidos producidos por la emisión de burbujas de los arenques (Clupea harengus)” y “Los arenques del Pacífico y del Atlántico producen sonidos rítmicos explosivos”, que deducen que aparentemente los arenques se comunican mediante flatulencias (Biología, 2004).
· K. P. Sreekumar y G. Nirmalan de la Universidad Agrícola de Kerala, India, por su reporte analítico "Estimación de la superficie de la India en elefantes indios” (Matemáticas, 2002).
·  Buck Weimer de Pueblo (Colorado) por inventar el “Under-Ease”, una ropa interior hermética con un filtro de carbón reemplazable que absorbe los gases malolientes antes de que escapen (Biología, 2001).

También podemos estar orgullosos de contar con un compatriota premiado en 2002 (sección Higiene): Eduardo Segura, de Valls, Tarragona, España, por la invención del Lavakan de Aste, una lavadora automática de perros y gatos, que también se ha comercializado, como he podido comprobar en la web http://www.lavakan.es.
La lista de nominaciones no se publica ya que se reciben alrededor de 9000 propuestas cada año. La asociación Improbable Research es la encargada de elegir entre la numerosa lista de experimentos improbables. Ya veremos si, con lo afectada que ha quedado la investigación en España con la crisis, obtenemos alguna otra nominación o premio para nuestro país.