Revista cultural de la Biblioteca del IES Arjé



lunes, 13 de febrero de 2017

Los rojos de ultramar de Jordi Soler


En la lista de los mejores libros en español de los últimos 25 años que ha aparecido en Babelia no aparece, lamentablemente, por ningún lado este título de 2004, lo cual es a la vez una injusticia y un síntoma. Una injusticia porque es un libro formidable, fundamental e histórico, en todos los sentidos, y un síntoma porque, como la propia novela anticipa, la desmemoria y el interesado olvido que, como una pesada losa, se ha desplomado sobre nuestro exilio, ha acabado condenándonos en gran medida como país que no quiere verse a si mismo con nitidez en ningún espejo. Pero Los Rojos de Ultramar no es sólo una novela sobre el exilio mejicano, que dio nueva patria a quienes habían perdido la Guerra y la Historia; ni trata sólo de los españoles que fueron hacinados en campos de concentración franceses, los 300.000 de Angèls dur Mer; ni de los problemas de identidad que han arrostrado siempre los que fueron "rojos" y no "nacionales", por la propaganda primero y la desidia después. Los Rojos de Ultramar es un libro sobre la trastienda de la historia, su letra pequeña, y sobre cómo algunos de aquellos rojos, combatientes entusiasmados por la causa de un mundo sin clases, acabaron metamorfoseados, en su exilio, en todo aquello contra lo que habían luchado, al convertirse en ricos indianos con sus porteadores, sus criados, sus mucamas y sus gruesas cuentas corrientes con las que financiaban, cada vez con menos convicción, a la izquierda internacional.  Es un libro sobre el fracaso; el suyo y el nuestro.
Pero nadie se llame a engaño, estas apasionantes doscientas cincuenta páginas en las que Soler, escritor mejicano -y se nota-, indaga en las razones, las peripecias y las travesías vitales de su abuelo catalán, son una antología literaria en si mismas: a ratos son líricas o ensayísticas; en otras un bildungsröman; en ocasiones crónica de guerra, testimonio feroz de los vencidos; pero también novela de espías, tragicomedia del trópico, realismo mágico, parodia de telenovela venezolana o profecía azteca. Es muchos libros en uno. Todos se leen con entusiasmo. Y quizá la lección histórica sea aquí lo de menos e importe más la lección moral y la impronta de violencia y salvajismo que el laberinto mejicano acabó dejando en los españoles que arribaron a sus orillas (Luis Buñuel, Ramón J.Sender, Max Aub, José Ramón Arana, Juan Larrea, Luis Cernuda o María Zambrano entre otros). El exilio los salvó y los condenó simultáneamente. Y como el Arcadi de esta novela, muchos tuvieron finales propios de El corazón de las tinieblas, devorados por el horror.

martes, 31 de enero de 2017

Arjé Literario 2017

Albricias. El presente año en el Instituto se presenta sabroso para los amantes de las letras con los festejos de Arjé Literario, la Primavera Cultural del IES, este año dedicada al noble arte de las palabras... y los silencios. El programa, que estará completo para el mes de marzo, se ha iniciado ya con una excelente lectura-conmemoración de Diario de un poeta reciencasado de Juan Ramón Jiménez, por parte de alumnos del centro, y seguirá en febrero con más lecturas de otras luminarias de la cultura andaluza.Arjé Literario 2017 contará con nombres de altura como el del poeta alicantino Juan Ramón Torregrosa, o los narradores Alejandro Pedregosa y Francisco del Valle, que presentará su última novela, Divino Tesoro; muy sugestiva será la presencia de la investigadora madrileña, experta en el mundo sefardí, Macarena Crespo, o la presentación del poemario Los días del Diluvio, de Antonio Alcaide. Tendremos una exposición itinerante sobre la Generación del 27 en el mes de Abril. Antes, en marzo, nos visitará también María del Charco con su espectáculo Cegad@s de amor.  Asimismo se celebrará un concurso de cuentos sobre El fin del mundo y un concurso de fotografía literaria; colaboraremos con el Centro Andaluz de las Letras en la Escuela de Escritores Noveles; Arjé Radio hará un especial literatura, y eventos ya clásicos de nuestro centro como la paella solidaria o la feria del libro tendrán un inequívoco sabor literario. Y  más: el viaje a Salamanca para 4º en febrero con Fray Luis y Unamuno como mentores, el esperpéntico viaje a Madrid de 2º de Bachillerato en marzo bajo la advocación de Valle-Inclán. O Las Suplicantes, de Esquilo, en el Festival de Teatro Greco-latino, la graduación de 2º de Bachillerato, en Mayo, con presencia de nuestros mejores rapsodas... y mucho más. Como corolario de tantas torres de palabras, el número de este año de Arjé Magazine, el que hace el  6, incluirá un especial literatura con colaboraciones de lo más variado a gusto del consumidor. Una delicia para el paladar, que no puede perderse, oiga.

lunes, 9 de enero de 2017

Escritores sin saberlo

El libro del año 2016 en España ha sido el mismo que el de 2015 en EEUU: Manual para mujeres de la limpieza, de la norteamericana Lucia Berlin. Hasta aquí todo bien, salvo que Berlin murió en el año 2004 sin saber que era escritora. Es el triste sino de algunos: que el reconocimiento como parte de la cofradía de las palabras te llegue cuando ya no puedes escribir ninguna. Y es el caso de Berlin (en la foto con uno de sus hijos), que pasó su adolescencia en Chile y su vida adulta en EEUU como auxiliar de enfermería en hospitales marginales poblados de hispanos, que tuvo cuatro hijos, tres matrimonios, una escoliosis que la reventaba a dolor, un enfisema pulmonar, alcoholismo, un cuñado ministro y una maleta llena de discos de jazz, de decepciones y de talento. Para sacar adelante a sus hijos se machacó a dobles jornadas como profesora de apoyo en institutos o recepcionista, y aún publicó algunos relatos en revistas de segunda a cambio de algunos dólares para consolarse con los licores más infames. Sus relatos, ahora lo sabemos, son mejores que los de Carver, otro alcohólico, pero él fue siempre escritor y ella enfermera. De ese tipo de injusticia parece que se dejó morir en 1969 el brillante y tímido profesor de universidad John Kennedy Toole, harto de negativas a publicar su novela La Conjura de los necios, radiografía implacable y bufa de la sociedad de consumo, un Quijote posmoderno y todo un hito de la narrativa norteamericana publicado ¡en 1980! y ganador del Pulitzer cuando a su autor francamente ya le importaba un comino.
El caso más paradigmático de escritor sin saberlo acaso fuera el de Anna Frank que, creyendo escribir un diario adolescente, estaba en realidad escribiendo sin saberlo la historia misma del S. XX, un siglo, por cierto, que ha sido pródigo en mártires del olvido. Nellie Campobello, por ejemplo. Fue bailarina y amante de escritor (en su caso el mediocre novelista Martín Luis Guzmán), dos oficios que parecían cuadrar mejor con una mujer mejicana de su época que el de escritora. Coreógrafa muy popular en Méjico, llegó a dirigir durante casi 50 años la Escuela Nacional de Danza de su país, y aún hoy se le recuerda por ello, pero no desde luego por Cartucho (1940), una apasionante colección de relatos sobre la revolución mejicana y un claro precursor del realismo mágico, al que tanto partido iban a sacarle después escritores seguros de serlo. Campobello vivió para contarlo, pues se fue de este mundo en 1987, con 86 años, pero no se encontró jamás mencionada en reseñas literarias, quizá para no hacerle sombra a ningún caudillo.
Otro caso: Marcella Olschcki, una emigrante italiana en EEUU, el país de las oportunidades que, desde luego, no lo fueron para ella, a pesar de que su primer libro, la deliciosa Postal de 1939 (1954), había sido premiado en Italia, probablemente por la sutil manera de condenar la pesadilla fascista y toda la pocilga del siglo pasado mientras parece estar escribiendo una historia de despertar adolescente sin más. Sin más y sin menos porque su historia como escritora acaba ahí, justo al comienzo. Olschki murió en 2001; se ganó la vida en Norteamérica y luego de regreso en Italia como locutora de radio y hasta diseñadora de joyas, oficios que le permitieron olvidar que era, sin ella saberlo, uno de los más grandes escritores italianos de posguerra.
Entre nosotros, los celtíberos, han primado más los que se creían escritores sin serlo realmente (un tema del que hablaremos en otra ocasión) pero algún caso hay de escritor desapercibido para si mismo. Sólo espero que el del traductor Antonio J. Desmonts que publicó en 1990 su único y formidable libro de relatos Los tranvías de Praga no acabe engrosando este grupo. Vale y feliz año.

lunes, 3 de octubre de 2016

Kafka en la orilla de Haruki Murakami

Veamos: en este libro hay un violento asesinato con arma blanca, un prófugo, dos cómplices y una huida, pero no es un thriller. Hay también un avión norteamericano que, durante la II Guerra Mundial, vierte un gas tóxico sobre una montaña japonesa provocando que un grupo de alumnos de la ESO de excursión pierda el conocimiento durante horas; sólo se salva la profesora, que decide investigar, pero desde luego no se trata de una intriga política. En esta novela también hay una historia de amor a lo largo de diferentes generaciones, pero no es un libro romántico; es posible que incluso sea anti-romántico. También hay un adolescente que se escapa de casa para conocer mundo y gente, aprender sobre la condición humana y descubrir el sexo con una señora de cincuenta, pero no es un bildungsroman ni nada que se le parezca. También tenemos violaciones, incestos, pederastia y un hermafrodita, pero no es un libro morboso. Hay lluvias de cangrejos, de sanguijuelas y de merluzas, pero no es realismo mágico. Hay un estrafalario superhéroe con poderes capaz de viajar en el espacio y en el tiempo y una piedra misteriosa que da acceso a otra dimensión, pero no es un libro fantástico. Hay también un tipo capaz de hablar con los gatos, pero no es un libro de autoayuda. Hay también infinidad de referencias literarias, cinéfilas y musicales, pero no es en absoluto snob. También está muy presente la cultura japonesa, sus comidas, sus costumbres y sus leyendas, pero no es un libro chauvinista ni nipón-maniaco. Hay tramado todo el tiempo un paralelismo con Edipo Rey, pero no se trata de una tragedia griega actualizada ni mucho menos. Kafka en la orilla es Murakami puro, un género inventado por él que es fascinante y adictivo, y con el que no han podido ni los propios excesos del autor en libros posteriores. Si vas a leer a Murakami, uno de los más grandes autores vivos, este es tu libro. Ah, por cierto, y ya termino: Kafka en la orilla tiene casi 600 páginas, y no es un libro gordo.

jueves, 31 de marzo de 2016

Algunas excentricidades, locuras y extravagancias de grandes científicos


Durante toda la historia de la humanidad hemos conocido el caso de muchos genios con algún desorden mental y/o neurológico. No se escapan los grandes científicos:

Tycho Brahe:

            Algunas de las excentricidades de este famoso astrónomo eran tener un alce como mascota y un enano debajo de la mesa al que le daba de comer de vez en cuando. Al parecer, murió por no ir al baño: contrajo una infección en la vejiga tras aguantar sus ganas de orinar en un banquete ya que pensaba que levantarse sería romper la etiqueta.

Isaac Newton:

Considerado por muchos el científico más importante de la historia, en la Enciclopedia Británica podemos leer que sufría algunos trastornos psicóticos como depresión, desorden bipolar y paranoia. Llegaba incluso a olvidarse de comer y dormir. Dedicó gran parte de su vida a la alquimia, por lo que algunos de sus biógrafos piensan que pudo padecer un envenenamiento de la razón debido a sus exposiciones al mercurio.
            Entre sus excentricidades podemos citar la de no publicar los descubrimientos que hacía. Por ejemplo, se cuenta que Edmund Halley lo visitó en 1684 y le comentó que estaba estudiando con algunos colegas de Londres qué fuerza era la que mantenía a los planetas en órbita elíptica girando alrededor del Sol. Halley animó a Newton a averiguarla y el gran sabio le contestó que ya lo había descubierto hacía 20 años, aunque había extraviado muchas notas. En 1867 publicó los trabajos realizados en el libro “Philosophiæ naturalis principia mathematica”, donde enunció sus tres famosas leyes de la dinámica, a partir de las cuales pudo deducir la expresión de la fuerza gravitatoria. Según muchos historiadores de la Ciencia, es posible que Newton se llevase a la tumba muchos descubrimientos que aún hoy desconozcamos.

Gaspar Balaus:

Aunque no muy famoso, este médico del siglo XVII (además de orador y poeta) estaba convencido que estaba hecho de mantequilla. Evitaba cualquier fuente de calor (una lámpara, una chimenea,…) para no derretirse. Tal era su manía que le llegaría a costar la vida: un dí­a muy caluroso temió fundirse y se arrojó de cabeza a un pozo, muriendo ahogado.

Albert Einstein:

            Este gran genio, considerado por sus coetáneos como “el científico excéntrico de los pelos revueltos”, casi no sabía hablar a los 3 años y hasta los 9 no lo hizo con fluidez. Suspendió su primer examen de selectividad. Aprobó las asignaturas de Matemáticas y Ciencias, pero suspendió Historia y Geografía. Algún tiempo después le preguntaron el motivo y su respuesta fue que eran muy aburridas y además no estaba de humor para contestar correctamente.
De vez en cuando paseaba con su violín, tocando melodías de Mozart, y lloraba  al observar los pájaros.
           Decidió dejar de usar calcetines al “descubrir” que el dedo gordo del pie termina siempre haciendo un agujero en ellos.
           Le chiflaban las mujeres, pero cuanto más vulgares, sudorosas y malolientes mejor. Nunca le importó la belleza física, ya que decía que la visión de una bonita jovencita le entristecía al recordarle el breve tiempo que estamos en la Tierra los seres humanos.

Kurt Gödel:

            Este brillante lógico y matemático, colega de Einstein, padecía de delirios persecutorios, hasta tal punto que creía que era perseguido para envenenarlo. Sólo comía lo que le preparaba su esposa, la cual debía probar los platos antes de que él los tocara. Murió de inanición porque su esposa fue ingresada durante un tiempo y mientras no volvió a tomar ningún alimento.

Nikola Tesla:

            Sufría de trastorno obsesivo compulsivo. No podía tocar nada que pudiese estar sucio o tuviese forma redonda; estaba obsesionado por el número 3, daba tres vueltas a los edificios antes de entrar y limpiaba sus cubiertos antes de comer utilizando exactamente 18 servilletas.

Charles Darwin:

Padecía de agorafobia (temor a estar en espacios abiertos), lo que le hacía padecer de alucinaciones, temblores, ansiedad y otras crisis de histeria.

Henry Cavendish:

Los psicólogos harían sus delicias estudiando a Cavendish, uno de los hombres más extraños e insociables de la historia. Vivía con unas cuantas libras esterlinas a la semana, a pesar de ser el principal accionista del Banco de Inglaterra. Su gran riqueza, unida a su noble linaje, hacía de él uno de los solterones más codiciados de la época, pero Cavendish enfermaba al ver a una mujer. Se comunicaba con sus sirvientas por escrito para no verlas, llegando al extremo de mandar construir una escalera en la parte posterior de su casa para entrar y salir sin ser visto por las doncellas de su servidumbre. Era tan excéntrico, tímido e introvertido que no tenía trato cercano con nadie. No contando con los aparatos necesarios para medir la intensidad de corriente eléctrica en sus experiencias, por no encargárselos a otros, medía dicha intensidad consigo mismo según el dolor, más o menos fuerte que le producían las descargas.

Richard P. Feynman:

            Galardonado con el Premio Nobel de Física de 1965, este extravagante e inteligente científico no pronunciaba ninguna palabra a los tres años y tuvo que salir del ejército tras la 2ª Guerra Mundial al ser considerado “deficiente mental”.
            Tenía adicción a los bares de topless. Según relata en su autobiografía, le gustaba ir a estos lugares para relajarse. Pedía un 7-Up y aprovechaba la inspiración para escribir reflexiones y ecuaciones en las servilletas del local.
No le gustaban demasiado los premios, aunque se tratase del Nobel. Entre las tres y las cuatro de la madrugada sonó el teléfono de su casa. “¿Para qué me molestan a estas horas de la madrugada?”. “Pensé que le gustaría saber que ha ganado usted el Premio Nobel!, le dijo un desconocido. “¡Síííí! ¡Pero ahora estaba durmiendo!”
            Enfermó de cáncer, y tras varias operaciones fallidas, decidió no seguir más tratamientos. Murió el 15 de febrero de 1988 tras decir: «No soportaría tener que morir dos veces. Es muy aburrido».

Yoshiro Nakamatsu:

Según el autor de unos 3000 inventos, entre ellos el disquete, la privación de oxígeno estando bajo el agua hace que se le ocurran inventos. Muchas de sus grandes ideas las ha obtenido a punto de ahogarse, a casi medio segundo de la muerte. Cuando le llega una idea, la anota en un dispositivo que funciona bajo agua, y sube nuevamente.

miércoles, 3 de febrero de 2016

Libros verdes

Quizá haya abusado del falso "spoiled" o la publicidad engañosa con el título  de esta columna, atrayéndome el interés de los amantes de la literatura de peripecia erótico-festiva, la cual también tendrá desde luego su espacio en algún momento, pero de lo que hoy se trata es de festejar aquella que, de alguna manera, ha emprendido la cada vez más necesaria batalla en defensa de la Madre Tierra. Libros que han hecho de la Naturaleza su bandera, a contracorriente de un mundo que la maltrata con saña, en una lamentable huida adelante cuyo fin no parece ser otro que su aniquilación definitiva.
Aunque hay algunos ejemplos clásicos, como las Geórgicas de Virgilio, las Odas de Horacio o el mismísimo Tao Te Ching, e incluso algún bello ejemplo escandinavo (La Bendición de la tierra, de Knut Hamsun), parece que ha sido la industrialización del Nuevo Mundo la que ha producido los gritos más desgarrados en favor de la Madre Naturaleza, como la justamente célebre carta del jefe indio Noah Selth, escrita en 1854, en la que espetaba al presidente de los Estados Unidos que no se puede vender el aire ni el color del cielo. Otra brava demostración de que la vida en la sociedad industrial era una nueva forma de esclavismo es la que emprendió el librepensador y apologeta de la desobediencia civil, Henry David Thoreau,  trasladándose a vivir durante casi tres años a una cabaña construida por él mismo a las orillas del lago Walden (en la imagen), y que reflejó en el libro del mismo título, publicado también en 1854, lectura imprescindible para los que creemos que otro mundo es posible.  Como lo es también la delirante sátira hippie La pesca de la trucha en América (1967), un extraño y desconocido libro de un tal Robert Brautigan, una suerte de perdedor profesional, vagabundo y senderista, que plantea  en ella la más surrealista cosmología de la naturaleza norteamericana, llena de fantasía, de psicodelia, de ácido y de rabia contra la moderna sociedad de consumo. Aunque si hay una novela rabiosa contra la industralización y la inmisericorde destrucción del medioambiente, esa es, sin duda, La Banda de la Tenaza, de Edward Abbey, en la que un  grupo de medioambientalistas monta un comando terrorista para boicotear trazados de ferrocarriles, fábricas contaminantes, pozos de petróleo y todas las brutales heridas que cotidianamente se infligen a la naturaleza virgen. Son duros de pelar, un auténtico Equipo A del ecologismo. Joya contracultural de 1975, la obra hace nacer el ecoterrorismo con la naturalidad de una venganza telúrica, y además muy divertida.
También podríamos considerar como "verdes" aquellas obras que han hecho una defensa de la Naturaleza por defecto; esto es: mostrando los inconvenientes de no respetarla. En ese camino ocuparían un lugar de excepción El Mundo Sumergido (1962) de J.G. Ballard, que describe la inundación de la tierra tras el calentamiento global y el deshielo de los casquetes polares, o la excepcional, compleja y muy imitada obra de ciencia-ficción Dune (1965), de Frank Herbert, que se va al año 20.000 para situarnos en un mundo, el de Arrakis, totalmente desértico, en el que toda la tecnología se dedica a la recuperación del agua, convertida en el petróleo del futuro. Quizá no tengamos que esperar tanto.
En español, y salvando las aportaciones de nuestros ascetas Fray Luis de León y Fray Luis de Granada (que escribió un muy prescindible "Canto a la Naturaleza"), ha sido también en la otra orilla donde se han hecho las aportaciones más notables. Libros como Huasipungo, de Jorge Icaza, o la extraordinaria novela El Tungsteno, del poeta peruano César Vallejo, planteaban con pericia cómo la destrucción de la recursos naturales envilecía a los seres humanos hasta cosificarlos en una desnaturalizada sociedad de consumo. El tema ha seguido vivo en aquellos lares y no son pocos los cantautores, de Violeta Parra a Mercedes Sosa, pasando por Silvio Rodríguez, que han puesto su lira al servicio de la Madre Tierra, porque aún estamos a tiempo de salvarla, o si no, al menos de que nos perdone.


martes, 10 de noviembre de 2015

Biblioteca de Rescate 1: Jarrapellejos de Felipe Trigo

101. Exactamente hace 101 años se publicó esta extraordinaria y desconocidísima novela del narrador extremeño Felipe Trigo, un autor que, a la pesada losa del olvido que ha caido sobre él, ha tenido por fuerza que añadir las injustas acusaciones de escritor pornográfico, desaliñado y sin estilo. Y en realidad, lo que le pasó siempre a Trigo es que fue un advenedizo: no pertenecía la "jet set" española del cambio de siglo, no era un rentista ni un intelectual; se ganó la vida como médico en inhóspitas aldeas de la geografía española, atendiendo enfermedades de miseria a familias que no podían pagarle. Fue médico militar en Filipinas, y vivió en plenas carnes el desastre colonial, pero la Generación del 98 no quiso tenerlo entre sus filas, el modernismo tampoco, ni los regionalistas ni los federalistas ni los monárquicos ni los republicanos. No era de los suyos. Trigo venía de fuera, de la periferia; de la periferia geográfica, moral, intelectual y estética. Era un "outsider", y esto ha sido siempre grave delito en este país. De manera que ahí tenemos a Felipe Trigo arrastrado su mala y escasa fama de novelista erótico mientras aquí nos perdemos lo mejor de su obra. Ahí es donde encontramos, precisamente, Jarrapellejos, una obra maestra absoluta que, aunque apareció en las librerías hace 101 años, parece escrita ayer mismo.  
En apariencia, y sólo en apariencia, es la historia de un cacique rural, don Pedro Luis Jarrapellejos, que hace y deshace a su antojo entre el pueblo extremeño de La Joya y Madrid mismo, donde pone y quita diputados en función de los servicios prestados. Pero la novela de Trigo es, desde luego, mucho más que eso, porque pasa en seguida a convertirse en una minuciosa radiografía de la raíz podrida de España: de las desigualdades sociales, de la vergüenza del latifundio, de la miseria consentida y promovida para beneficio de los poderosos, de la envidia como deporte nacional, del prestigio de la incultura, de las puertas giratorias de la política, de la España de la Casta,  de la especulación, del conchabeo entre poderes políticos y económicos, del tráfico de personas, la emigración del hambre, de la Justicia lenta y vendida que nunca condena al poderoso; la España de señoritos y toreros, de la represión sexual, del machismo, del maltrato animal, de la iglesia pederasta y amancebada, inclemente y sostén de las clases ricas, la España hipócrita de las costumbres bárbaras y las tradiciones que aletargan, la del nacionalismo zumbón, la que vegeta inerte como un poblachón fantasma: el furgón de cola de Europa. 
Y lo más curioso de todo es que, en la hábil e inteligente mirada de Felipe Trigo, no son mucho mejores que don Pedro Luis Jarrapellejos todos los demás, los que, con su moral de rebaño, aceptan sus limosnas a cambio de callar, los que se dejan comprar sin esfuerzo, los que consideran más incómoda la libertad que el sometimiento, los dóciles, los adocenados, los que le ofrecen sin tapujos la virginidad de sus hijas a cambio de un empleo...  De hecho, quizá, Jarrapellejos sea el mejor, el verdadero héroe, sibilino y déspota pero seductor, el flautista de Hamelin, porque sin él los demás no existen, sin él los demás son incapaces de existir.
Con estas mimbres, nos viene a decir, al final de la novela, Juan Cidoncha, el maestro del pueblo, no es posible ni hacer la revolución ni cambiar nada.  
Jarrapellejos es la obra maestra olvidada de la literatura española. Y el caso es que, mientras Azorín o Baroja, plumas insignes de la generación que no quiso tener a Trigo entre ellos, han envejecido fatal, Jarrapellejos es hoy una novela de plena actualidad, sobre el más rabioso presente y las mil y una asignaturas pendientes de este país de todos los demonios. Y además se nos cuenta sin pelos en la lengua, con ese desaliño que atribuyen a su autor y que en realidad es expresionismo furioso, el estilo de la rabia y de la idea. Jarrapellejos no es sólo una suerte de La Regenta deslenguada y con más mala leche, o un Galdós "underground", desmedido y salvaje. Es que Tirano Banderas, de Valle-Inclán, La familia de Pascual Duarte, de Cela, o Crematorio de Chirbes están ya ahí.
 
P.D. La obra fue adaptada al cine por Antonio Giménez Rico en 1988 y, aunque se deja ver, no sostiene en absoluto el arrebatado y demoledor lenguaje en el que fue escrita. Antonio Ferrandis (sí, sí, chanquete!!) hace lo que puede con la compleja personalidad de Pedro Luis Jarrapellejos,  Aitana Sánchez Gijón está algo sobreactuada como Isabel, la "fornarina", pero sin embargo Juan Diego está soberbio bordando el papel del señorito Saturnino.                                                                                P.D. 2  Desde hoy ya tienes Jarrapellejos en tu biblioteca.... y esperemos que en tu vida.             
                              
 
 


jueves, 29 de octubre de 2015

Talleres en la Biblioteca



En breve va a cerrarse el plazo de inscripción en los Talleres de la Biblioteca para este curso 2015-2016. Nuevamente por tanto la Biblioteca se convertirá en el epicentro del más apasionante ciclón de ideas y creatividad que pueda darse por estos pagos. Los hay de creación literaria y artística, de confección de "Ex Libris", del noble arte del ajedrez, de teatro, de arte, o de las siempre sorprendentes relaciones entre arte y naturaleza. No te los pierdas. Si lo haces puede que te estés arrepintiendo todo el curso. La comunidad arjeica al completo está invitada.

lunes, 26 de octubre de 2015

Biblioteca del rescate

Ahora que parece que la Memoria Histórica llegará a las aulas andaluzas, quizá sea buen momento de empezar, siquiera modestamente, una pequeña biblioteca del rescate con aquellos autores víctimas de la desmemoria. Autores con los que el olvido se ha empecinado de manera cruel y a los que convendría sacar del oscuro pozo en el que mezquinos intereses los han ido sumiendo. Nosotros, con humildad, aportaremos nuestro granito de arena en esa tarea de Sísifo, por cuanto es muy difícil hacer que se lea a alguien que no conviene, creadores a los que los manuales de literatura condenaron al destierro por razones extraliterarias y a los que convendría rehabilitar. Felipe Trigo, José Díaz Fernández, César M. Arconada, Arturo Serrano Plaja, Luisa Álvarez de Toledo, Antonio Ferres, Alfonso Grosso... fueron perdedores en la cainita lucha de las dos Españas, una de las cuales, como decía Machado, les heló el corazón. En algunos casos fueron perdedores del regeneracionismo, en otros de la Guerra Civil, en todos fueron perdedores de la historia de la literatura que los olvidó, espero que no para siempre.
Paralelamente a la construcción de una biblioteca de rescate con los más significativos volúmenes de estos autores injustamente olvidados, publicaremos en esta Torre, en la sección "La Biblioteca de Babel", reseñas de cada título (en algunos casos francamente difíciles de conseguir) y abriremos foros de debate y clubs de lectura, para que al menos en este modesto rincón del mundo que es el IES Arjé esta injusticia sea reparada.

P.D. Ilustra este post una instantánea del gran narrador extremeño Felipe Trigo, víctima lamentable  de un injusto olvido y con cuya novela Jarrapellejos iniciaremos en breve la Biblioteca.